Pues sí. En 'La Fortuna con seso' echamos el cierre por una temporada; quizá lo que resta de año. Todavía no está claro si más adelante continuaremos con este mismo formato o pasaremos a proponer algo más lucido. Lo cierto es que llevamos una buena temporada sin nutrir de material el blog tal y como se debe y, al cabo, las pocas actualizaciones que aparecen no tienen la calidad apetecida.
Hace dos años y medio que nos asomamos a la blogosfera con mucho que contar o, por lo menos, con una gran ilusión por hacerlo. Muchas cosas han sucedido desde aquellos días y, a la postre, quizá la peor de ellas es haber permitido que los quehaceres laborales hayan invadido más parcelas de las deseables. Tanto que ha llegado el momento de poner en orden muchas cuestiones y, sobre todo, zafarse el estrés para recuperar la ilusión por todas estas cuestiones que en 'La Fortuna' se conocen como 'saberes inútiles'. Tan inútiles, que son aquellas cosas que nos permiten seguir siendo humanos o, al menos, nos dejan intentarlo.
Así que, no sin pesar, nos tomamos un tiempo para el reencuentro con nosotros mismos, para intentar que los tentáculos del mundo laboral no terminen de asfixiar cuanto somos fuera de ellos. Pues realmente, somos lo que somos cuanto estamos alejados de ellos. El resto tiene mucho de mal necesario.
Gracias al puñado de incondicionales que hasta aquí nos han acompañado. Nos vemos con el nuevo año.
Hace dos años y medio que nos asomamos a la blogosfera con mucho que contar o, por lo menos, con una gran ilusión por hacerlo. Muchas cosas han sucedido desde aquellos días y, a la postre, quizá la peor de ellas es haber permitido que los quehaceres laborales hayan invadido más parcelas de las deseables. Tanto que ha llegado el momento de poner en orden muchas cuestiones y, sobre todo, zafarse el estrés para recuperar la ilusión por todas estas cuestiones que en 'La Fortuna' se conocen como 'saberes inútiles'. Tan inútiles, que son aquellas cosas que nos permiten seguir siendo humanos o, al menos, nos dejan intentarlo.
Así que, no sin pesar, nos tomamos un tiempo para el reencuentro con nosotros mismos, para intentar que los tentáculos del mundo laboral no terminen de asfixiar cuanto somos fuera de ellos. Pues realmente, somos lo que somos cuanto estamos alejados de ellos. El resto tiene mucho de mal necesario.
Gracias al puñado de incondicionales que hasta aquí nos han acompañado. Nos vemos con el nuevo año.