lunes 24 de agosto de 2009

El Cancionero de la Catedral

Si apurábamos la entrada anterior mostrando una de las maravillas documentales que atesora la Catedral de Segovia, comenzamos esta última parte del ‘triplete’ prometido, citando una maravilla musical, también custodiada entre sus muros.

Descubrí este cancionero en un polvoriento y olvidado lineal de unos grandes almacenes que, por cierto, ya no tienen un hueco entre sus estanterías para la Música Antigua. Os puedo asegurar que pocas cosas hay más hermosas para quien esto escribe que llevárselo en unos auriculares y recrearse, cualquier tarde de otoño, desde lo alto de la Torre de Juan II, en el Alcázar.

La versión que ahora escucho mientras perpetro esta entrada fue producida y editada, cómo no, por un sello extranjero, alemán para ser más exactos. Sigue siendo lamentable la casi absoluta desidia, cuando no desprecio, con los que maltratamos un patrimonio con el que en otros países se harían maravillas. Cachulis, Pantojas y ‘otés’. No hay más cera que la que arde.

Volviendo a nuestro manuscrito, hay que saber que no fue concebido expresamente para su uso en la Catedral. Fue recopilado en los últimos tiempos del reinado de Isabel I, con piezas de autores muy diversos, entre lo sacro y lo profano. El nombre le viene más por el lugar donde fue descubierto el manuscrito, el archivo de la Catedral, en 1922. Pero se sabe que su ubicación original, lógicamente, fueron las dependencias del Alcázar, desde las que se trasladaron a la Catedral, sin que se tenga noticia del motivo del traslado.

En la cabecera un fragmento, para deleite del aficionado. Se trata de una pieza de Juan del Encina, uno de los músicos españoles favoritos de la casa. Si apreciáis la letra, habla de una forma muy determinada de vivir que, a riesgo de parecer superflua, a nosotros nos sugiere un buen montón de cosas más. Tales como que si todos viviésemos acorde a estos pareceres, el mundo sería un sitio más respirable. En cualquier caso, ya en los principios de 'La Fortuna' asumimos vivir en un anacronismo perpetuo. Nos hicieron así.

domingo 16 de agosto de 2009

Aljama y judería



Terminábamos la última entrada comentando la diferencia entre los significados de aljama y judería y prometíamos retornar al asunto para dar unas pinceladas acerca del devenir de ambas en la ciudad del Eresma.

Podríamos decir que para que hubiese una judería hubo de haber, necesariamente, una aljama a la que confinar entre sus muros. No se tiene constancia documentada acerca de los primeros pobladores judíos de Segovia. Pero el fruto más inmediato de la convivencia entre vecinos de distintas hechuras y costumbres, suele ser el de los pequeños disturbios del día a día. Es por ello que las primeras evidencias pueden hallarse en pequeños pleitos vecinales. Éstos se produjeron en partes muy diversas de la ciudad, lo que nos hace concluir que la aljama estaba formada por individuos asentados libremente dentro del trazado urbano. Pero fueron pleitos libres de todo componente religioso, fueron percances vecinales resueltos por la vía judicial común. De hecho, es en los archivos de este tipo y de forma indiferenciada con el resto, donde los investigadores encuentran referencias escritas a estos acontecimientos.

La prosperidad siempre ha estado detrás de los movimientos migratorios y, en ocasiones, un acontecimiento concreto sirve de resorte para impulsar el desarrollo de una zona concreta. Según Bartolomé, la concesión del obispado en 1120, bien pudo terminar de darle a Segovia el rango de urbe destacada. En este punto, conviene recordar el carácter articulador de las parroquias y obispados en las ciudades, no solamente desde el punto de vista estrictamente espiritual, sino también desde la influencia socio-económica derivada de éste. Por tanto, y sin pruebas documentales de ello, podríamos pensar en el siglo XII como una buena fecha para la llegada de los primeros judíos a Segovia.

Sin embargo, hay una fecha que supone en sí misma un punto de inflexión en el asunto. Tras la muerte de Juan I llegó el pogromo de 1391. Para los no familiarizados con el término, un pogromo es una palabra derivada del ruso pogrom, que quiere referirse a una matanza y robo indiscriminados de una multitud indefensa. Curiosamente, la segunda acepción de la RAE para definir el término habla de ‘asalto a las juderías con matanza de sus habitantes’
. Una vez muerto el rey Juan el clero más beligerante, que ya había dado muestras de sus intenciones con anterioridad, encontró un vacío de poder del que se sirvió para enardecer a las masas.

Poco después, en 1412, los tutores de Juan II –aún menor de edad a la muerte de Enrique III, el Doliente- proclamaron las leyes de Ayllón. Éstas tenían como objeto establecer un cerco fiscal y legislativo que controlase cualquier tipo de actividad de los miembros de la aljama. Si a todo esto, sumamos las viscerales prédicas de San Vicente Ferrer, ya tenemos los mimbres necesarios para justificar el confinamiento de la aljama en un espacio físico fácilmente identificable y, por tanto, fácil de ser controlado. Es el nacimiento de la judería como tal.

Físicamente, ocupó los márgenes de las murallas a la altura de la puerta de San Andrés, desde la Plaza de la Merced y hasta el final de los actuales jardines de Isabel II. Tuvo siete accesos, siendo el más utilizado por los turistas el que se encuentra junto a la antigua Sinagoga Mayor, hoy Iglesia del Corpus Christi. Cabe decir que en esta iglesia, se produjeron ciertos acontecimientos a los que ya nos referimos con anterioridad en este blog, y que son una buena muestra del ambiente en el que tuvieron que vivir los miembros de la aljama segoviana durante el siglo XV, siglo que vio, en sus últimos años, la proclamación del edicto de conversión forzosa o expulsión de los miembros de la comunidad hebrea.

Hoy, gracias al esfuerzo de gentes como Bonifacio Bartolomé y al empeño de las autoridades segovianas, tenemos ocasión de poder rastrear físicamente la ubicación de lo que fueron las sinagogas, el cementerio del Pinarillo, la antigua carnicería… Siendo fieles al espíritu de ‘La Fortuna’, os dejamos en la puerta de la judería segoviana para que seáis vosotros mismos los que disfrutéis del inmenso placer de descubrir cuantas cosas aguardan, pacientes, el encuentro con el viajero. En este sentido, se hace recomendable una visita al Centro Didáctico de la Judería, depositario del trabajo de Bartolomé, para aquellos que quieran profundizar y sacarle más partido a la visita. Ya veis, Segovia es mucho más que Alcázar, Acueducto y Catedral. Que aproveche.

La imagen pertenece a una bula papal de Inocencio IV, emitida a mediados del siglo XIII, en la que se recuerda al obispo segoviano la obligación de mantener identificados a los judíos de la ciudad, conforme a las normas establecidas. Este original se conserva en los fondos del Archivo de la Catedral de Segovia.