jueves 28 de mayo de 2009

El prudente Rey Mago (II)



Habíamos tomado como ejemplo para ilustrar el contenido de esta serie una forma geométrica situada en los frescos de la bóveda del coro del Monasterio. Concretamente, una obra de Luca Cambiaso, que precede a este texto. El cubo es un derivado del cuadrado, figura capital de la matemática pitagórica y se ha venido asociando con la Tierra, es decir, con el más pesado de los elementos. Retomando el argumento pitagórico, los sabios renacentistas consideraron a esta figura geométrica como
la base de cualquier proporción armónica. En sí mismo es el fruto de tres operaciones matemáticas, por tanto no parece descabellado que figure bajo la representación de las tres formas divinas. Y más si tenemos en cuenta que esas tres formas fueron la génesis de la Tierra como elemento propio.

Pero si alguien había llevado a su máxima expresión los significados esotéricos del cubo fue el filósofo Raimundo Lulio. Encontramos abundantes ejemplares atribuidos a Lulio o Llull en la biblioteca, no sólo de Juan de Herrera, arquitecto de Felipe II, sino en la del mi
smo rey. Llegados a este punto, deberíamos sacudirnos los residuos de la ‘leyenda negra’, que aún distorsionan la figura del rey ‘prudente’. Bastaría repasar la gran variedad de títulos dedicados a las ciencias esotéricas que pueblan la biblioteca de El Escorial. No puede ser de otra manera, pues al soberano timorato y ultra católico que nos pintan algunas tradiciones de mucho arraigo pero poco fundamento, cabría oponer rasgos de su personalidad que apenas suelen mencionarse. Tal es el caso de sus inquietudes intelectuales, en la línea de las de cualquiera de sus coetáneos europeos. Y en este sentido convendría recordar que tras las dos bancarrotas de su reinado, recurrió a los servicios de afamados alquimistas para aliviar las arcas reales. Esto en sí mismo no lo coloca a la cabeza de ninguna corriente intelectual, desde luego, pero sí ayuda a ubicarlo entre los monarcas de su tiempo, que persiguieron el mismo anhelo y vivían guiados por las mismas ambiciones.

Mucho se ha hablado acerca de las similitudes entre El Escorial y el Templo de Salomón. No deja de existir un cierto paralelismo entre David y su hijo Salomón, y Carlos I y Felipe II. David y Carlos fueron reyes eminentemente guerreros. Salomón fue, sin embargo, el escogido para erigir el Templo. Un fue un guerrero sino un sabio. Por eso s
e establece el paralelismo entre Salomón y Felipe. Cosa que, por otro lado, era común en la época cuando se quería revestir de dignidad cualquier reinado. No obstante, no deja de ser curioso que en las medallas conmemorativas de la colocación de la primera piedra del Monasterio, ya apareciese una alusión directa al Templo de la Ciudad Santa. Para apoyar a las teorías que relacionan el templo escurialense con el jerosolimitano, podemos resaltar que son las figuras de los reyes hebreos las que presiden el patio. También podemos observar que, al igual que en Jerusalén, el acceso al santuario estaba vetado al común, que permanecía en el patio durante las liturgias. Es el concepto de accesos según los niveles iniciáticos, ya presente en el Antiguo Egipto.

Tradicionalmente, incluso los guías del recinto siguen
repitiéndolo machaconamente, se interpreta que la planta del Monasterio es una alusión a la parrilla en la que la tradición cristiana afirma que recibió martirio San Lorenzo. Sólo una buena dosis de ingenuidad o de ignorancia puede sostener tal afirmación. La planta está dispuesta de tal forma que nada queda sujeto al azar, ni posicionado de forma arbitraria. Los mismos jerónimos que después poblaron el Monasterio se quejaban reiteradamente de que Herrera había atendido a las cuestiones ‘simbólicas’ más que a facilitar la vida monástica de la comunidad.

La planta es el resultado de un minucioso cálculo matemático basado en las proporciones pitagóricas y en el número áureo, o Divina Proporción. Pero, a su vez, verlo reducido a un conjunto de operaciones matemáticas nos privaría de la esencia y le restaría al conjunto todo aquello que lo hace diferente. Para entenderlo, hay que admitir que el número por sí solo reduce la realidad a una cuestión cuantitativa, desechando lo cualitativo. Habría que comprender la existencia de una parte de nuestra identidad, relacionada con lo supra racional, que trasciende al conocimiento común y posibilita la inteligencia, en la medida que ésta es algo más que sucesiones numéricas o enunciados matemáticos. Este es el paso que facilita l
a contemplación de la arquitectura escurialense desde el punto de vista en el que fue concebido.


El Templo es, en sí mismo, una representación condensada del orden celestial, de la armonía celeste. Por tanto, debe recoger dentro de sí los principios inmutables de este orden y su reflejo en los cuerpos celestes. Podría extrañarnos hoy en día, pero Vitrubio, en sus Diez Libros de Arquitectura, confirma que la música y la astronomía debían figurar entre los saberes imprescindibles de todo aquel que se considerase como arquitecto.

De Vitrubio nos llega el antropomorfismo, o el hombre como medida de las cosas que después retomará Da Vinci. El punto de intersección entre el círculo y el cuadrado (esfera y cubo) que forma sería el ombligo. Por otro lado, los ideólogos de El Escorial utilizaron la analogía del hombre con los brazos extendidos como paralelismo de la crucifixión de Cristo. Así había sido aplicado este concepto durante todo el Medievo.

Ahora bien, las proporciones del hombre vitrubiano no satisfacían las necesidades de disposición del monasterio como a sus arquitectos les pareció que debían hacerlo. Es por ello que recurrieron a la figura del hombre cosmológico. Esto, en sí mismo, es el resultado de una ‘coexistencia’ de ciencia y esoterismo, algo mucho más normal entonces de lo que nos debe parecer ahora.

Un argumento más a favor de las teorías que afirman que el Escorial es una copia del Templo de Salomón, es la metodología empleada en su construcción. Evidentemente, conviene aclararlo, no estamos hablando de una copia en el sentido estricto. Hablamos de una recuperación de los símbolos y sus conceptos. Al igual que en el caso del Templo, los sillares de El Escorial fueron tallados en su mismo origen de extracción. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es otra similitud más con el Templo de Jerusalén.

En cualquier caso, dejaremos en este punto que sean las voces realmente autorizadas de cuantos sobre este asunto nos arrojan algo de luz, resultado de muchos años de estudio. Nada nos haría más felices que conducir a nuestros pacientes lectores hasta el inicio del camino.

jueves 21 de mayo de 2009

Dicebamus externa die…

Pues sí, ni más ni menos que dos meses y pico sin asomar por estos lares. Abandonados, víctima del trajín cotidiano del autónomo, pero no por ello encerrados en el cajón del olvido.

El próximo jueves 28, tendré el placer de seguir castigando con la impuntualidad de costumbre, al reducido grupo de pacientes lectores de este rincón de saberes inútiles. Terminaremos de dar unos apuntes sobre la faceta esotérica de Felipe II y su relación con El Escorial.

Hasta entonces, sólo puedo pedir disculpas por haber fallado a los deberes propios de un bloguero. Gracias de corazón a los que honran a 'La Fortuna' con su visita.