Hubo un tiempo en el que los fines más claros de la magia no entendían de extraños sortilegios ni invocaciones. Se circunscribían a la transmisión de un saber positivo y universal, valiéndose para ello de los símbolos. Buena prueba de ello son edificios como la catedral gótica, de la que alguna vez hemos hablado en este blog. También podríamos acordarnos del conocimiento pitagórico y buscar sus orígenes en la civilización egipcia, por poner otro de los casos más conocidos.
Lo que realmente puede llegar a sorprender a muchos es que otra época en la que este saber mereció la atención de sabios y monarcas fue el Renacimiento español. En pleno fervor católico y al abrigo de la vigorosa Contrarreforma promovida por los Austrias Mayores. Podemos dar buena fe de ello si observamos un edificio que, en sí mismo, supone un compendio inigualable de la magia a la que nos referíamos al comienzo de esta entrada.
Hablamos, claro está, del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y, por extensión, de Felipe II y sus arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Es universalmente conocida y aceptada la afición del rey Felipe a estos saberes. Buena cuenta de ello son las numerosas obras que pueden hallarse en los inventarios de la Biblioteca del monasterio. Otro tanto sucede si se hace recuento de las bibliotecas de los dos arquitectos a los que nos referimos.
Vamos a apoyarnos en un estudio realizado por René Taylor que servidor se llevó al morral hace un par de años, en una visita al Real Sitio. A todos aquellos interesados en estas cuestiones les parecerá una obra imprescindible una vez leída. Su título es ‘Arquitectura y Magia. Consideraciones sobre la idea de el Escorial’. Está editado en la maravillosa Siruela y, en 2005, podía adquirirse por 24€ en la librería del monasterio.
Para justificar la figura del arquitecto como mago, como transmisor de estos saberes eternos e inmutables que se sitúan por encima de cualquier forma convencional de expresión escrita, Taylor nos propone el análisis de la bóveda del coro de El Escorial. Tenemos que estar de acuerdo con Taylor cuando dice que, a primera vista, la obra no reúne ninguna característica que la rescate de la mediocridad, en lo tocante a su resolución pictórica.
Sin embargo, hay una figura situada en un lugar preeminente y que encierra muchos más secretos o intenciones que la de cubrir una superficie más o menos extensa en la composición. Hablamos de un gran cubo situado bajo la representación de las Tres Personas (Dios Padre, dios Hijo y el Espíritu Santo).
En la próxima entrega intentaremos explicar la importancia de esa geometría, así como dar unas pinceladas acerca de las aficiones ‘esotéricas’ del Rey Felipe y su reflejo en la arquitectura de la, a veces llamada así, octava maravilla del mundo.
Lo que realmente puede llegar a sorprender a muchos es que otra época en la que este saber mereció la atención de sabios y monarcas fue el Renacimiento español. En pleno fervor católico y al abrigo de la vigorosa Contrarreforma promovida por los Austrias Mayores. Podemos dar buena fe de ello si observamos un edificio que, en sí mismo, supone un compendio inigualable de la magia a la que nos referíamos al comienzo de esta entrada.
Hablamos, claro está, del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y, por extensión, de Felipe II y sus arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Es universalmente conocida y aceptada la afición del rey Felipe a estos saberes. Buena cuenta de ello son las numerosas obras que pueden hallarse en los inventarios de la Biblioteca del monasterio. Otro tanto sucede si se hace recuento de las bibliotecas de los dos arquitectos a los que nos referimos.
Vamos a apoyarnos en un estudio realizado por René Taylor que servidor se llevó al morral hace un par de años, en una visita al Real Sitio. A todos aquellos interesados en estas cuestiones les parecerá una obra imprescindible una vez leída. Su título es ‘Arquitectura y Magia. Consideraciones sobre la idea de el Escorial’. Está editado en la maravillosa Siruela y, en 2005, podía adquirirse por 24€ en la librería del monasterio.
Para justificar la figura del arquitecto como mago, como transmisor de estos saberes eternos e inmutables que se sitúan por encima de cualquier forma convencional de expresión escrita, Taylor nos propone el análisis de la bóveda del coro de El Escorial. Tenemos que estar de acuerdo con Taylor cuando dice que, a primera vista, la obra no reúne ninguna característica que la rescate de la mediocridad, en lo tocante a su resolución pictórica.
Sin embargo, hay una figura situada en un lugar preeminente y que encierra muchos más secretos o intenciones que la de cubrir una superficie más o menos extensa en la composición. Hablamos de un gran cubo situado bajo la representación de las Tres Personas (Dios Padre, dios Hijo y el Espíritu Santo).
En la próxima entrega intentaremos explicar la importancia de esa geometría, así como dar unas pinceladas acerca de las aficiones ‘esotéricas’ del Rey Felipe y su reflejo en la arquitectura de la, a veces llamada así, octava maravilla del mundo.
2 comentarios:
Hola!
Llevo meses esperando la continuación que prometes... ¿llegará algún día?
Gracias por tu trabajo.
Hombre, un ser humano por estas latitudes. Mil perdones, amigo. La verdad es que la crisis obliga estar más pendiente que nunca de sacar adelante los proyectos profesionales y La Fortuna ha sido su primera víctima.
Aunque sólo sea para agradecerte la visita y acallar mi conciencia, cuenta con la 'reentré' para el proximo jueves 28.
Fuerte abrazo.
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