lunes 21 de julio de 2008

Amanece, veinte años después

No se debe al azar la ilustración que encabeza este rincón de saberes inútiles. Corresponde a 'Amanece, que no es poco', quizá la película española favorita de quien esto escribe. Desde que arrancó 'La Fortuna', allá por abril de 2007, siempre pensé que terminaría dedicándole una entrada a la genial obra de José Luis Cuerda. Sucede que uno siempre deja este tipo de entradas para un rato de sosiego que permita dejar escrito algo parecido a un texto decente. Y, la verdad, lo de tener un rato de paz se cotiza caro , y en cuanto a lo segundo, hace tiempo que me dí por vencido.


Hoy, en la edición digital de El País, se conmemora el vigésimo aniversario del estreno de la que para muchos -entre los que me cuento- es más que una película. Ha seducido a varias generaciones de 'frikis', que nos sabemos los diálogos de memoria y a los que encontramos acomodo en muchas de las cosas que uno vive, o soporta las más veces, a diario. Obra cumbre del surrealismo patrio en clave celtibérica. Quién no ha querido seguir a los labriegos que acuden al bancal al son de una madrigal de Monteverdi. O dejarlo todo para hacerse intelectual. Total, pasas el invierno sin un mal resfriado, puedes leer libros sin estropearlos. Puedes decir: glande, paradigmático...


Y todo esto, con las impagables interpretaciones de Cassen, Miguel Rellán, Tito Valverde, Saza, Resines, Ciges, Gabino Diego, Quique San Francisco, Manuel Alexandre (¡qué grande, Don Manuel!), Rafael Alonso, Chus Lampreave, Aurora Bautista, Violeta Cela...


En fin, da gusto ver a los vecinos de Ayna conmemorar la efemérides. Uno de los niños del pueblo que intervinieron en el rodaje, de esos a los que sus padres ya les dejan montar en los caballitos, lo definía de la mejor forma posible. Aquello fue como un sueño.


Exactamente eso. Con vuestro permiso, me marcho al monte porque, a estas horas, seguro que está el bueno de Nge Ndomo haciendo estampitas con las cabras, así, en plan massai.



jueves 17 de julio de 2008

La noche de las velas


La semana pasada volví a Pedraza, después de muchos años. La excusa era presenciar la celebrada 'Noche de las velas'. Más de 25.000 velas iluminando las calles de esta villa, conjunto histórico-artístico de manifiesta impronta medieval.


Reconozco que a servidor siempre le ha causado problemas esto de pagar por acceder a una plaza pública, por eso decidí no asistir al concierto que se celebra, cada año, en las dos noches que se organizan en la villa segoviana. Lo cierto es que los precios tampoco son 'populares' y, aunque uno es de los que se rasca el bolsillo cuando se tercia, eso me plantea aún más dudas sobre si el objetivo es la difusión de la cultura o 'hacer caja'. Cada uno lo interprete según sus deseos y circunstancias. Pero para estas cosas existen los patrocinios públicos y privados. Con un mínimo de organización se controla el aforo, hasta que se complete, y listo.

El caso es que pensé en que podría escucharse algo desde el exterior, pero las diez mil almas (eso dice la prensa) que allí se congregaron lo convirtieron en misión imposible. Tan imposible como hacer fotos. Cientos de personas, compacta en ristre, repartiendo 'flashazos' a diestro y siniestro y, como en toda aglomeración que se precie, la educación no se sumó a la fiesta, ni se la esperaba. De nada servía esperar pacientemente tu turno para preparar tu foto si de la nada sugían manos blandiendo pequeñas compactas a golpe de flash. No soy ningún experto fotógrafo, sólo estoy intentando aprender a sacarle partido a mi cámara réflex. Y no quiero hacer de menos a todos los usuarios de compactas, pues muchos me darían lecciones acerca de cómo hacer una buena foto, pero... en fin, que aquello se convirtió en misión imposible, como decía arriba. El pueblo estaba absolutamente colapsado y eso se traducía en no poder entrar en ningún sitio a tomar un refrigerio.

Así es que, de bucólico bien poco. Servidor terminó francamente estresado y tocó cenar a unos cuantos kilómetros del lugar. Me sigo quedando, de largo, con un paseo por Pedraza en cualquier otra circunstancia, animo al lector a que lo haga. Vale la pena.

Pero, los dos primeros sábados de julio... la 'magia' del reclamo publicitario se torna en pisotones, codazos, y mala educación... qué le vamos a hacer. Pese al esfuerzo de los vecinos, todo sea dicho, por crear una atmósfera cálida y agradable.

Vaya, me ha quedado un 'post' con mucha crítica y poca 'chicha'. Habrá que remediarlo en el próximo.

martes 8 de julio de 2008

Gracias, Don Fernando


Malas noticias. Se nos jubila Fernando Argenta, y con él los 'Clásicos Populares' y 'El conciertazo'. A servidor no le duelen prendas en reconocer que se ha sentado multitud de sábados por la mañana frente a la caja tonta, que dejaba de serlo por unos mágicos instantes. Ya sólo me queda Arguiñano, qué le vamos a hacer.

Gracias. Gracias por las muchas horas de compañía radiofónica y televisiva. Gracias por tu inmensa labor que ha servido para acercar a varias generaciones a la música clásica. Entre óbitos y prejubilaciones, se nos van marchando los pocos divulgadores que nos quedaban. Lo malo es que el horizonte en los medios no se presenta especialmente despejado. Parece asumido por todos que cuantos decidan invertir (o malgastar, según se mire) su tiempo en acercarse a radio o televisión van a ser carne de Cachulis, triunfitos, houses y demás subespecies. La cultura ha dejado de ser un servicio público, mandan los ejecutivos 'puntocom', los 'pogüerpoins' y el 'saneamiento' del 'ente público'. Qué le vamos a hacer...

Este verano podemos disfrutar, aquí viene la de cal, de un programa llamado '
La vuelta al mundo en 80 libros'. La segunda de sus ediciones estuvo dedicada a Fernando Argenta y Araceli González. Me compraría un sombrero sólo para poder quitármelo delante de ambos.

¡Viva la música clásica!¡Viva 'El Conciertazo'!



martes 1 de julio de 2008

Baldomera y la onza de oro (II)

Habíamos dejado a Baldomera haciendo buen acopio de los dineros que le hacían llegar los vecinos. Como éstos siempre recibían sus intereses puntualmente, cada vez fueron más los que allí acudían a invertir sus ahorros.

Tal fue el éxito que Baldomera tuvo que abrir una nueva oficina en la Villa y Corte. Concretamente, en la Plaza de la paja se abrió la llamada 'Casa de Imposiciones'. Ni que decir tiene que el nivel de vida de Baldomera subió como la espuma y que llegó a mantener un elevado tren de vida.

La noticia traspasó las tapias de la capital hasta llegar a lugares recónditos como el pueblo de Esquivias, en la provincia de Toledo. Allí, los vecinos recolectaron cuanto tenían -vendiendo incluso aperos de labranza- y viajaron a Madrid. En aquel entonces el interés ya era sólo del 30%, pero seguía siendo un negocio redondo.

Hasta que un día, después de que muchos madrileños hubiesen depositado sus ahorros con la esperanza de lucrarse con el préstamo que -hasta entonces- la joven Baldomera pagaba con puntualidad británica, ésta desapareció.

Podéis imaginaros el revuelo que se organizó a las puertas de la 'Caja de Imposiciones' la mañana que, llegada la hora, sus puertas no se abrieron como de costumbre. Pueblos enteros, como el caso de Esquivias, arruinados. Dicen que Baldomera, con su fortuna acumulada, huyó a Francia, donde permaneció una buena temporada. Lo cierto es que los denunciantes bien podrían haber sido denunciados por usura, dadas las condiciones del préstamo y el interés que obtenían del mismo (tal y como podría suceder hoy en día con nuestros bancos, si no hubiese barra libre para que lo hiciesen).

Sorprendentemente, Baldomera, pasado un tiempo, decide retornar a España y saldar sus cuentas. Y más sorprendente aún, los ánimos de los estafados se habían apaciguado bastante. esto no fue impedimento para que fuese llevada a la Cárcel de Mujeres. El caso fue que muchos de los denunciantes decidieron perdonar a Baldomera -por más que he buscado no he encontrado fuente alguna que explique esto- y tras un período de enfermedad en la cárcel... desapareció y nunca más se supo de 'La Patillas'.