En los aledaños de la madrileña Plaza Mayor aún puede pasearse por una plaza llamada de Puerta Cerrada. Su nombre, como el de otras plazas o calles, evoca una de las antiguas puertas de la muralla que circundaba la ciudad, derribadas por el auge del perímetro urbano y las reformas de los siglos XVIII y XIX.Transitada por propios y turistas a cualquier hora del día, cuenta con un mural pintado en uno de sus edificios, que reproduzco en la foto que encabeza la entrada. En una sola frase - desconocida para una gran parte de los madrileños, que ignoran su significado- se recoge un pedazo de la historia de la Villa y Corte.
'Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son', reza el mural. Pues bien, se refiere a que el subsuelo de Madrid está plagado de corrientes subterráneas. Cuatro de ellas convergen en lo que hoy es la Plaza Mayor, antaño laguna que cegaron los madrileños en tiempos. Las murallas del Madrid o Ma^yrit musulmán estaban hechas de -entre otros materiales- sílex. Es curioso imaginar como centelleaban expuestas a la luz del sol. Esto les confería un aspecto aúreo. De ahí viene el dicho.
Lo cierto es que la historia nos da para más. A los madrileños nos agrada que nos llamen 'gatos'. Y la pena es que cada vez se escuche menos. Porque lo de gatos no es porque nos guste la vida nocturna, que nos gusta. Curiosamente he llegado a leer por ahí que el mote viene de los tiempos de la Movida, de la que servidor contempló sus estertores. No, la cosa viene de mucho más antiguo.
Concretamente de la toma de la ciudad por parte de Alfonso VI en su camino a Toledo. El rey contemplaba fascinado a un individuo que trepaba con magistral soltura las murallas, causando gran estropicio a los defensores. Mientras éstos, con toda seguridad, le mentaban al padre, el rey afirmó que le parecía estar viendo a un gato en la figura de aquel lugareño.
Y así fue que, al ganar la ciudad, el rey concedió privilegios al hábil asaltante y su familia se asentó en Madrid, siendo conocidos con el mote de 'Gatos'.
En cuanto a Puerta Cerrada, fue una puerta especialmente célebre por ser punto de reunión de brujas, adivinadoras y asaltantes. Su natural disposisión en recodo -recurso defensivo por excelencia- daba abrigo a personajes ciertamente siniestros al punto que se cerraba antes qeu ninguna otra del perímetro amurallado, de ahí el nombre.

