lunes 25 de febrero de 2008

Puerta Cerrada

En los aledaños de la madrileña Plaza Mayor aún puede pasearse por una plaza llamada de Puerta Cerrada. Su nombre, como el de otras plazas o calles, evoca una de las antiguas puertas de la muralla que circundaba la ciudad, derribadas por el auge del perímetro urbano y las reformas de los siglos XVIII y XIX.

Transitada por propios y turistas a cualquier hora del día, cuenta con un mural pintado en uno de sus edificios, que reproduzco en la foto que encabeza la entrada. En una sola frase - desconocida para una gran parte de los madrileños, que ignoran su significado- se recoge un pedazo de la historia de la Villa y Corte.

'Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son', reza el mural. Pues bien, se refiere a que el subsuelo de Madrid está plagado de corrientes subterráneas. Cuatro de ellas convergen en lo que hoy es la Plaza Mayor, antaño laguna que cegaron los madrileños en tiempos. Las murallas del Madrid o Ma^yrit musulmán estaban hechas de -entre otros materiales- sílex. Es curioso imaginar como centelleaban expuestas a la luz del sol. Esto les confería un aspecto aúreo. De ahí viene el dicho.

Lo cierto es que la historia nos da para más. A los madrileños nos agrada que nos llamen 'gatos'. Y la pena es que cada vez se escuche menos. Porque lo de gatos no es porque nos guste la vida nocturna, que nos gusta. Curiosamente he llegado a leer por ahí que el mote viene de los tiempos de la Movida, de la que servidor contempló sus estertores. No, la cosa viene de mucho más antiguo.

Concretamente de la toma de la ciudad por parte de Alfonso VI en su camino a Toledo. El rey contemplaba fascinado a un individuo que trepaba con magistral soltura las murallas, causando gran estropicio a los defensores. Mientras éstos, con toda seguridad, le mentaban al padre, el rey afirmó que le parecía estar viendo a un gato en la figura de aquel lugareño.

Y así fue que, al ganar la ciudad, el rey concedió privilegios al hábil asaltante y su familia se asentó en Madrid, siendo conocidos con el mote de 'Gatos'.

En cuanto a Puerta Cerrada, fue una puerta especialmente célebre por ser punto de reunión de brujas, adivinadoras y asaltantes. Su natural disposisión en recodo -recurso defensivo por excelencia- daba abrigo a personajes ciertamente siniestros al punto que se cerraba antes qeu ninguna otra del perímetro amurallado, de ahí el nombre.

miércoles 13 de febrero de 2008

El rey poeta

Buscando algo de poesía que leer en la red, me he topado con unos versos, ni más ni menos, que de Juan II de Castilla. Sólo soy un lector ocasional y profano, sobre todo de clásicos desde Manrique hasta José Hierro. Así que no puedo entrar en valoraciones estilísticas.

Sabidas son las dotes para la música o el canto que han tenido algunos monarcas castellanos, como fue el caso de Enrique IV, del que ya hablamos largo y tendido en 'La Fortuna'. O de Alfonso X, aunque no sean atribuibles a su mano muchas de sus obras, según algunos estudiosos. Pero nada sabía acerca de las aficiones líricas de Juan II de Castilla.


Parece que sólo se conserva un poema, que reproduzco a continuación:

Amor que pende y quebranta,
fuerza que fuerzas derriba
muy entera,
y al mismo temor espanta
y a lo más libre cativa
sin que quiera,
a ti, muy desconoscida,
tan cruelmente cativa
pues que sabe
que la mi persona vida
que en tal dolor siempre vive
no s'acabe.

sábado 9 de febrero de 2008

El milagro del Corpus

En la entrada anterior hacíamos alusión al milagro del Corpus Christi. La verdad es que, a toro pasado, nos habíamos quedado con las ganas de explicar en qué consistió y cuáles fueron los protagonistas de esta historia.

Años después de mi encuentro con Sor Providencia, tuve la fortuna de conocer a Bonifacio Bartolomé. Boni es el archivero de la Catedral de Segovia y miembro de la Academia de San Quirce. Por motivos de trabajo, colaboramos en un proyecto relativo a la judería segoviana. Conversando con él en alguna de nuestras reuniones o de mis visitas al archivo, le escuché esta historia. De cualquier forma también está contada, con mucho mayor oficio del que posee servidor, en una estupenda Guía de la Judería que publicó hace unos años. Desde La Fortuna os recomendamos efusivamente su adquisición y posterior lectura.

La Iglesia del Corpus está ubicada junto a una de las antiguas siete puertas que tuvo la judería en el paso que da acceso hoy en día a la calle Sol y a la Judería Vieja. Fue sinagoga hasta después de los sucesos que explicaremos en esta entrada. La puesta en valor de la Judería ha traído cierta polémica respecto a la denominación del templo pues los católicos han protestad contra la denominación más corriente, es decir, ‘Sinagoga del Corpus’. Lo cierto es que o hablamos de la Iglesia del Corpus o bien de la Sinagoga Mayor. Pero algo parecido sucede en Toledo con la ‘Mezquita del Cristo de la Luz’, sin que haya polémica al respecto.

La crónica de estos sucesos data del siglo XV, concretamente del ‘Fortalitium Fidei’, escrita por el clérigo Alonso de Espina. En ella se cuenta como un grupo de judíos compran a un sacristán una Sagrada Forma con la idea de profanarla, hirviéndola, al amparo de los muros de su sinagoga. Hay una calle en Segovia, llamada del Mal Consejo –cerca de la parroquia de San Nicolás- en la que se dice que los sefardíes acordaron la compra de la forma con el sacristán.

Una vez llegados a la sinagoga, procedieron a intentar hervir la forma consagrada en un caldero. Lejos de consumirse, la hostia permaneció tal cual estaba e incluso se elevó en el aire, al tiempo que un rayo descargaba con virulencia sobre el templo. Este momento es el que se ve reflejado en el óleo que puede verse en el interior de la sinagoga, recientemente restaurado.

Asustados, los hebreos decidieron llevarle la hostia al prior del Monasterio de Santa Cruz, que los denunció al obispo de la ciudad. Éste informó de estas cuestiones a la reina madre Catalina de Lancaster –o de Lancastre como se la cita en las crónicas castellanas -, regente durante la infancia de Juan II, tras la muerte de Enrique III, llamado ‘El Doliente’. Poco tardaron los hebreos en sufrir los rigores de los interrogatorios y, por supuesto, en admitir sus culpas. Entre ellos estaba Meir Alguadex. A la sazón, fue el médico que atendió a Enrique III hasta su muerte y acabó confesando haber matado por envenenamiento al monarca. Se les aplicó el castigo de la época, fueron desmembrados y arrastrados por las calles de Segovia.

Pero no quedaron ahí las cosas. Parece que había más judíos implicados en el asunto, y éstos decidieron sobornar al maestresala del Obispo de Segovia. Descubiertos en su intento, fueron ejecutados el funcionario y varios habitantes más de la judería.

Según Bonifacio Bartolomé, el testimonio del fraile de Espina ofrece muchas dudas. Lo cierto es que estaban recientes las predicaciones de San Vicente Ferrer, antisemita por antonomasia. Y todas estas historias florecían a la par que se originaban altercados y represalias en contra de las aljamas judías. Podemos distinguir entre dos historias. Las fábulas de conversión, como la de María del Salto, sucedida en Segovia y reflejaba en un fresco de la catedral, o las de sacrilegios e incluso asesinatos como el que supuestamente ocurrió en Santo Domingo, también en Segovia. En este caso se trata del sacrificio de un niño en un ritual realmente sangriento y escabroso. Todas estas historias no hacían más que enaltecer a las parroquias y crear altercados en las juderías del reino. Todas ellas carecen del menor rigor histórico, ofrecen muchas dudas.

De esta historia de la hostia profanada y de sus consecuencias se deriva la fiesta de la Catorcena, típica de Segovia.

Saludos a Zorro de Segovia por incorporarse al grupúsculo de valientes que visita en alguna ocasión este rincón de saberes inútiles. Y un recuerdo especial para Boni, con quien tuve el honor de trabajar codo a codo en un bonito proyecto sobre la judería segoviana.