martes 29 de enero de 2008

De nombre, Teresa

Hubo un tiempo en el que servidor vivía con menos prisas y pasaba más despacio -que no necesariamente más tranquilo – por la vida. Uno de los premios con los que el azar suele premiar al caminante es el esporádico encuentro con algunos seres que nos reconcilian con nuestros semejantes.

Así sucedió cuando, grabadora en ristre –aún era ese veinteañero que abordaba sin pudor al paisano de turno – paseaba por Segovia con la intención de que alguien me explicase la leyenda del Corpus Christi. He de reconocer que caminaba con la grabadora en el bolsillo y nunca la mostraba, temiendo que se perdiese la frescura del contacto y que más de uno se sintiera cohibido ante el micrófono.

Llegando a Fernández Ladreda me topé con una monja de avanzada edad y, sin pensarlo, me detuve hasta que llegó a mi altura. Con delicadeza reclamé su atención y por un momento temí que me despachase con una evasiva o que directamente me ignorase. Pero eso fue hasta que sonrió. Una sonrisa franca, limpia... y una mirada que me tranquilizó lo suficiente para explicarle el motivo del ‘abordaje’.

Al ver cuál era el asunto y sin perder esa sonrisa que ya me había cautivado, comenzó su relato. Se acompañaba de gestos y adoptaba diversos registros de entonación, a la manera de los buenos contadores de historias. Siempre pensé que éstos lo son porque les gusta comunicar, porque disfrutan con lo que narran y con el interés de quiénes los escuchan.

Evidentemente, me aportó la versión que puede conocer – y creer a pies juntillas- una monja octogenaria. La forma consagrada que se eleva en los cielos, los pérfidos judíos… Suficiente para que algún espabilado de lo que hoy nos sobran tanto, la tachase de fundamentalista.

Pura dulzura, una vez terminado su sentido relato, se interesó por mí, por mi vida. Probablemente se preguntaba qué hacía un veinteañero de Madrid paseando a solas por Segovia un martes cualquiera, bloc de notas en ristre y mochila al hombro. Al comprobar que todavía vivía en casa de mis padres, que en ese momento no tenía novia, y que repartía mi tiempo entre el trabajo en una hamburguesería y las clases nocturnas de lo que entonces era COU, suspiró. Sus ojillos azules, vivaces… se abrían mientras entrelazaba los dedos de sus manos a la par que las sacudía, suavemente.

Probablemente pensó que todo estaba en orden, aunque yo eludí hablar de mi agnosticismo por respeto. Tras asegurar que el Señor había dispuesto ese encuentro, miró a un lado y a otro y dijo llamarse Sor Providencia, de nombre Teresa. Otra sonrisa y prosiguió para decirme que vivía con las Siervas de María. Daoíz 14, añadí. La sonrisa ya se había tornado una risilla adorable. Mientras se declaraba el estado de euforia en su gesto, pensé en lo hermoso de sus palabras. Si el Señor me había puesto en su camino, debía sentirme muy honrado por ello porque aquella mujer no podría imaginar 'auspiciador' más elevado que el Dios al que había consagrados sus días. Y en ese instante, si no antes, ya estaba compartiendo la felicidad de Sor providencia, de nombre Teresa. Ya ve el sufrido lector si hasta aquí ha llegado. El simple hecho de la comunicación espontánea entre dos desconocidos que ponen un poquito de su parte para conocerse o, por lo menos, escucharse. Una anciana monja católica y un veinteañero agnóstico y progresista.

Concluyó afirmando que rezaría por mí y para que el Señor me diese un trabajo que me gustase. Para ello aseguró que acudiría al Santuario de la Fuencisla a hacerlo. Quien conozca Segovia sabrá que hay un buen paseo desde Daoíz al Santuario. Por la cuesta de la Zorra es complicado bajar a esas edades, así que se impone un largo rodeo.

Agradecido, me despedí de ella con cierta pena por un lado y con una innegable sensación de paz por otro. Hoy conservo la grabación como un gran tesoro. Sigo experimentando las mismas sensaciones cada vez que reproduzco el viejo cassette y la dulce y encantadora voz de Teresa me recuerda que el pasear tranquilo, sólo por el hecho de hacerlo, tiene premio a veces.

Un estúpido pudor me impidió visitar el convento. Seguramente, Sor Providencia ya no viva – de esto hace casi 15 años- en el convento y se haya marchado a reunirse, ojalá y así sea, con su Dios. El caso es que ahora, cuando me cuesta seguir creyendo en el ser humano, intento recordar momentos como este. Y es que hay seres que están hechos de luz, sólo hay que caminar un poquito más despacio, pueden aparecer en cualquier momento…Curioso... Sor Providencia, ni más ni menos.

Gracias, Sor Providencia, de nombre Teresa…

sábado 12 de enero de 2008

Se va un poeta


Fruto de otra época convulsa- y cuál no lo es- , de cambios, unos previstos y otros que no estaban en el guión, servidor ha vuelto a descuidar esta bitácora. Algo consuela pensar en que ese puñado de valientes que sufren sus evoluciones con periodicidad, también aceptan generosamente esta circunstancia como algo propio del carácter de este despropósito digital.

Estaba preparando nuevos contenidos para el año que comienza cuando me he enterado de que hoy se nos ha marchado Ángel González. Para quienes no lo conozcáis, es uno de los pilares de la que se llamó 'Generación de los 50'. Poesía de marcada impronta social, hecha a fin de cuentas por personas que crecieron durante o inmediatamente despues de la Guerra (in)Civil. Poesía de compromiso. A su misma generación pertenecen Gamoneda, Gil de Biedma o José Ángel Valente.


Lo cierto es que vivimos en un país extraño. No voy a ahondar en el tópico de que si llega a ser un futbolista el que muere se para el país y todo eso. Aunque sea muy cierto y no pueda estar más de acuerdo. Pero he leído los comentarios en los foros acerca del asunto y me consuela leer las aportaciones de gente corriente, como el que suscribe. Por razones que no vienen al caso, servidor mantiene cierta relación con círculos poéticos. Y llegué a la conclusión de que no sólo los futboleros ni la prensa del colorín tienen arte y parte en que vivamos en un país en el que se admita la existencia de un 'poeta oficial', como lo fue José Hierro y lo es ahora Gamoneda, y listo.

Si la poesía es una afición de minorías, a mi modesto entender, también se debe a la excentricidad, al esnobismo y la petulancia de muchos poetas. Siempre he pensado que a los grandes de verdad los comprende todo el mundo. Machado, Biedma, Hierro, González, Hernández...

Pero bueno, no me gusta nada el aire de crítica que está tomando esta entrada, no está quedando como a mí me gusta. Lo de 'La Fortuna' es intentar aportar, proponer..

Yo os propongo un viaje a la poesía de quien fue, según él mismo y como recuerda hoy la prensa, 'larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas'. Para muestra, dos botones:

PORVENIR

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.

!Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

MIENTRAS TÚ EXISTAS

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.