Esta entrada en realidad comienza hace casi veinte años. En un domingo primaveral. Servidor era un quinceañero que había descubierto la música folk de la mano de Milladoiro y Gwendal. Eran tiempos duros para decir que te gustaba la música tradicional entre la gente de tu edad, porque el ochenta por ciento de los que te rodeaban se reían con las bromas subsiguientes, y el otro veinte no tenía ni idea de lo que le estabas hablando.
Había ido al Parque del Retiro, en Madrid, a ver teatro de calle y títeres. Y allí estaban ellos, La Musgaña, interpretando temas de su primer disco ‘El Diablo Cojuelo’. Volví a casa contento por haber ampliado la nómina de referentes, y encima con un grupo que hacía folk castellano, aparte de Joaquín Díaz. Apenas unos meses después, tocaron en Alcorcón. Concretamente en el viejo cine Estoril. Ya sabéis, esos cines de barrio de los de sesión doble matinal, pirulís, de cacahuetes y acomodador rancios. Esos que, para nuestra desgracia, dejaron de existir a favor de las multisalas en los centros comerciales, esas que han terminado por hacer imposible que un chaval pueda ver cine en su propio barrio. Veinte personas en el cine, pocas más de las que había en el escenario. Y sin embargo, desgranaron lo mejor de su repertorio a lo largo de más de hora y media de concierto. Recuerdo a Jaime Muñoz diciendo, en los bises, aquello de: ‘Nunca tan pocos nos hicieron trabajar tanto’.
Un año después editaron ‘El paso de la Estantigua’, muy recomendable. Pero el caso es que, cosas de la vida, comencé a distanciarme de la música folk en favor de otros sonidos. Quizá porque hubo un tiempo en el que dejó de ser tan raro escuchar folk y apareció, de la nada, una generación de pseudohippies que parecía llevar allí toda la vida, con sus camisetas malvas y su henna en los cabellos. Me atrapó la llamada ‘Música Antigua’, los Savall, Paniagua y compañía, los sonidos orientales de la mano de Luis Delgado…
Veinte años después, ayer me reencontré con Muñoz, Beceiro y compañía. Tocaron en Latinarte, dentro del programa de conciertos de la Junta Municipal, e hicieron un repaso a dos décadas de carrera que me sirvió para reafirmarme en dos cosas: siguen siendo – nuevas incorporaciones incluidas- , unos pedazo de músicos. La segunda es que, como hace veinte años, salí del concierto con una grata sensación porque sigue siendo, ante todo, divertido verlos en un escenario. Fue especialmente emotivo el recuerdo a Quique Almendros, alma mater de La Musgaña para muchos, y que desde hace unos años está apartado de la escena por un derrame cerebral que nos ha privado de su música para siempre.
Ayer tuve la sensación de haber recuperado un trocito de algo que perdí en no sé qué camino de cuantos nos toca transitar en el trajín de la vida.

4 comentarios:
Muchas gracias. gracias a gente como tú seguimos luchando día a día
Un saludo. Diego Galaz
Gracias a vosotros por seguir en la brecha. Y gracias a ti por visitar la que, desde hoy, es también tu casa.
Un fuerte abrazo.
Es curioso internet. Llego a este blog por haberme encontrado la entrada sobre "El Conciertazo" referenciado en otro lado. Me gusta, y pienso en dejar un comentario, pero antes decido echar un vistazo al resto de entradas, y me encuentro con ésta de "La Musgaña". Me animo a dejar un comentario, y me encuentro que Diego (buen amigo) ha pasado ya por aquí.
Enhorabuena, rober, por el blog, y ánimo. Y ¡viva La Musgaña!
Salud.
Silverio
Hola Silverio. Bienvenido a tu casa. Tienes un amigo que es un 'monstruo'. Se lo dices de mi parte ;-)
Publicar un comentario en la entrada