Ayer fue dos de mayo. Como hace exactamente un año. Lo que ocurre es que esta vez se cumple el bicentenario de la revuelta. Y eso es motivo de múltiples actos y celebraciones en Madrid, pues además es el día de la Comunidad. Lo normal en ‘La Fortuna’ hubiese sido haber hecho un esbozo, más o menos afortunado, de lo que sucedió en esas horas; o haber buscado una anécdota curiosa que poder contar al respecto. Confieso que no tengo valor para ello. Ya hablamos en su día del trabajo que había firmado Arturo Pérez-Reverte al respecto, y después de haber recomendado efusivamente la lectura del mismo, asumo que el lector hizo caso de la sugerencia. Llegados a ese punto, nada puede aportar servidor al asunto.
De cualquier forma, el que esto escribe asiste, entristecido, al rosario de declaraciones de nuestros infumables e indocumentados políticos. Sin pudor alguno, modelan la historia a su gusto para que el calor del ascua dore su sardina. Los españoles sólo sabemos hacer dos cosas con respecto a nuestra historia. Olvidarla y, cuando toca, extraer réditos políticos de su recuerdo.
Coincido con los que piensan que la gente no se batió el cobre pensando en que estaban ‘configurando la España Moderna’. Lamentablemente, lo hicieron por otros que se quedaron en sus poltronas o en sus iglesias. Por un ejército atado de pies y manos por unos ministros serviles que temblaban ante la idea de enfrentarse al ejército más temido de Europa. Se equivocaron de enemigos.
Lo cierto es que no siempre se ha hablado de los ‘afrancesados’ como de aquellos que veían con buenos ojos un cambio político y social auspiciado por Francia. Algo que nos alejase, de una vez por todas, de la superstición y la ignorancia. Desde luego, entre la intelectualidad había partidarios de este cambio. Partidarios de que España no perdiese el tren del progreso, quién sabe si para siempre.
Vienen tiempos en los que se reivindicará la figura de José Bonaparte. Por cierto, bastante mejor rey que quien le sucedió, el infame Fernando VII. La propaganda urdida por la España de las ‘caenas’, supo deformar la imagen de José fácilmente. Su carácter reformista contribuyó a ello. También los excesos cometidos por los soldados de Napoleón. No vamos a hacer un panegírico de José Bonaparte (por cierto, abstemio aunque fuese llamado ‘Pepe Botella’). Pero intentemos mirar el prisma desde todos los lados.
Lo que vino después de la retirada de Napoleón fue la abolición de la Constitución de Cádiz, los Cien Mil Hijos de San Luis y el ¡Vivan las caenas! Otra vez la sangre del pueblo para mantener viva la España de cerrado y sacristía.
Desde luego que fueron unos héroes. Ya veríamos que hubiésemos hecho los madrileños del siglo XXI ante esa tesitura. Y me compraría un sombrero sólo para poder quitármelo ante ellos. Pero quizá su heroísmo sólo nos sirva, doscientos años después, para que saquen partido de la hazaña los indocumentados que nos representan. Qué lástima.
Ayer mismo había unos niños participando en la confección de un puzzle gigante con ‘Los fusilamientos de la Moncloa’ (los del 3 de mayo) como motivo. La periodista de una emisora de radio que cubría la noticia me contó, fuera de antena claro está, que le fue imposible encontrar a uno solo de aquellos críos que supiese lo que estaba haciendo. Menos mal que están los políticos para recordárnoslo. Esto es España. Yo me quedo con el recuerdo del puñado de valientes que se jugaron la vida, y la perdieron, sólo por ira, impotencia, o esa cosa tan ‘carpetovetónica’ llamada honor. O sea, huevos toreros.

2 comentarios:
Como bien dices y explicó Reverte en su día, lo del Dos de mayo tiene más que ver con "estar hasta los cojones" de los excesos de las tropas napoleónicas -que en muchos casos nada bien se portaron a pesar de que trajeran sus aires de modernidad- que con un espíritu patriótico algo difuso para la población.
Tampoco creo que tengamos que caer en lo contrario, hablar de las lindezas de los afrancesados, que a fin de cuentas por muy avanzadas que fueran sus ideas, trabajaron con fuerzas invasoras y por tanto eran simples colaboracionistas.
El problema aquí, fue Fernando VII y su camarilla de inmovilistas, y los héroes el pueblo y el puñado de liberales que sin traicionar a los suyos elaboraron la constitución más avanzada del momento.
Por cierto, este fin de semana a tenor de las celebraciones del " 2 de Mayo estuve por Madrid y he de decir que gracias a tu entrada Puerta Cerrada, cuando pasamos por el lugar referido pude explicar, para asombro de mis acompañantes, el significado de tan enigmática frase, así que es de agradecer por mi parte tu interesante información ;D.
Saludos Rober
Vaya que me alegro. Sólo por este detalle, 'La Fortuna' tiene sentido. No hay nada que me satisfaga más que comprobar que alguno de los contenidos ha sido de utilidad para el disfrute de terceros.
Respecto a los afrancesados, parece que han tomado protagonismo este año. Ahora bien, yo distinguiría entre colaboracionistas (O'Farril y compañía) y gentes como Goya o Blanco White.
Éstos últimos debieron de vivir una dolorosa contradicción entre su carácter de españoles y a la par ilustrados.
Desde luego que el comportamiento (y el saqueo y destrucción) de las tropas francesas no sugieren un modelo social avanzado. Y que hubiese sido muy duro aceptar -también para estos personajes- un tutelaje o protectorado francés prolongado.
Pero en un país de sotanas,atraso, terratenientes, incultura, absolutismo y superstición...
Se entiende que mirasen, esperanzados, los frutos que diesen en Francia los convulsos cambios sociopolíticos que acontecieron allí unos años antes.
Lo que sí que está claro es que eran patriotas con una visión más amplia de su tiempo. El resto colaboracionistas por cobardía o interés.
Lo malo es que la España de las 'caenas' se apropió una vez más del concepto de Patria. La inclusión de la intelectualidad liberal en el grupo de los 'afrancesados' no es fruto de otra cosa -en mi humilde opinión- que de la propaganda política.
Buena prueba de ello fueron Fernando VII y cuantos vinieron tras él.
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