miércoles 23 de mayo de 2007

Tanto monta

Hoy toca subirse a un viejo caballo de batalla. Vamos a hablar de los Reyes Católicos. Católicos porque así lo dispuso en 1494 el papa Alejandro VI, como compensación el título de Cristianísimo que obstentaba el rey de Francia. Por tanto, todos los reyes de España reciben el tratamiento de 'rey católico' desde entonces. No deja de ser curioso que sean el centro de las iras, o de los altares, de gente que vive quinientos años después de que lo hicieran ellos. A todas luces, resulta bastante inútil intentar analizar la Baja Edad Media con los parámetros de esta España de 'Cachulis' y 'Pantojas' que nos toca sufrir. Quizá sea así porque el caso de Isabel y Fernando es uno más de estas apropiaciones indebidas que han ido perpetrando nuestros políticos a lo largo de los años.

Yendo a lo que aquí se trata, uno creció oyendo en la escuela aquello de 'Tanto Monta, Monta Tanto, Isabel como Fernando'. Pasad por el Alcázar de Segovia y al llegar al Salón del Solio (reproducción de lo que pudo ser el original), siempre escucharéis a algún guía decirlo. Y curiosamente, sólo aparece 'Tanto Monta'.

Claro que si visitáis el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, os lo explicarán mucho mejor. Y no es que los guías de la Aljafería tengan más oficio en sus libreas. Es que son aragoneses. Como Fernando.

A lo que parece, este lema fue compuesto por Antonio de Nebrija - creador de la gramática castellana - en 1492. Alude al mito de Alejandro Magno y el nudo Gordiano. Cuenta la leyenda que en Gordión hubo un campesino que llevaba a su bueyes atados con un nudo inextricable. Y que aquel que lo deshiciese sería conquistador de Oriente. Alejandro, frente al yugo, desenvainó su espada, y lo cortó. Después añadió: 'Tanto monta, deshacer como cortar...'

Es de todos sabido que para Fernando sólo existía una dirección: adelante. Fue un político nato y un estadista astuto y sin melindres. Se nos viene a la memoria, siempre que se dice esto, que probablemente sirviese de inspiración a Maquiavelo a la hora de escribir 'El Príncipe'. Lo cual no quiere decir, ojo, que estemos hablando de un personaje pérfido y taimado, como tampoco lo era Maquiavelo, hijo de su tiempo como el mismo Fernando. El caso es que Nebrija pensó que el lema le venía de perlas a su rey. Lo del 'Monta tanto...' ya es invento decimonónico.

Poca gloria le han deparado a Fernando nuestros libros de Historia. Realmente fue mucho más influyente y decisivo que su esposa en política internacional. Por sus hábiles manos se tejió la política europea del siglo, y los cimientos de la futura expansión española en Europa. Quizá frío y calculador, que no era sino lo que exigía la política del momento.

En cualquier caso, el otro lema que le acompañó en vida fue con el que disputaba justas antes de acceder al trono aragonés y posteriormente, a ser rey consorte de Castilla. 'Como yunque sufro, y callo por el tiempo en que me hallo'.

sábado 19 de mayo de 2007

Gracias Españológicas


Así figuran en la edición que conservo, firmada por D. Luis. Infiel a la cita y con alevosa nocturnidad, vuelvo a escribir después de -cómo no- unos días agitados que me han impedido hacerlo. Hoy toca, pues ya estábamos tardando, hablar de "El Diccionario de la Españología".

Otro día rendiremos cumplido homenaje a su creador, probablemente el 29 de agosto. Tal día hará cinco años que no está entre nosotros el autor de "Celtiberia Show", mirada irrepetible a través del solar patrio, impagable antología de las gracias -y desgracias- españológicas.

Vaya, demasiados términos relacionados con España en sólo dos párrafos. Tal y como está el patio, debo haberme ganado el dar una explicación. A servidor, tradicionalmente inmerso en los parámetros de lo que los 'modernos' llaman carpetovetónico, le contaron en su día que nació en Madrid, y que eso caía en un sitio llamado España. A partir de ahí, servidor fue asomando la cabeza por aquí y por allá, leyendo esto y aquello... y decidió disfrutar de tal circunstancia debida al azar, pues mis padres son de los que en su día se buscaron las habas en el norte de Europa y terminaron regresando. Y, tres décadas después de mis primeras frases con sentido y de mis primeras cartillas de lectura, me obstino en seguir disfrutando de ello lejos de ganapanes, salvapatrias y 'modernos'.

Dicho esto, hablemos del libro que da título al post. Se trata de un compendio de frases y expresiones de aquí antologadas por Carandell. Se consulta a la manera de un diccionario dividido en temáticas tales como:

>> De la cosa pública
>> De fiestas y saraos
>> De frases y dichos
>> Del buen y del mal comer...

Así hasta más de una veintena de categorías que harán las delicias de casi todos. Porque la única condición indispensable para el uso y disfrute de esta obra es poseer el don de la curiosidad. Se me antoja como una herramienta de primer orden para cualquier individuo empeñado en entender muchos entresijos del lugar que lo vió nacer, así como muy apropiado para el foráneo que quiera "empaparse" del origen de muchas expresiones "españológicas".

Nada mejor que unos ejemplos, a modo de aperitivo:

ocho, El

'El 8 es el número más presumido que hay en España. Quizá sea porque es estrecho de talle y lleva cierto contoneo. 'Es más chulo que un ocho', se puede decir de una persona de estas características. Gregorio Doval, en su libro Del hecho al dicho, sostiene que la frase tuvo su origen en Madrid, y que alude a que era el tranvía número 8 el que unía la Puerta del Sol con uno de los barrios más castizos de la ciudad, el de San Antonio de la Florida. El 8 tenía su última parada y su cochera en (lo que hoy es el Parque de) la Bombilla.'

Tapa

'El origen del nombre de las tapas que se sirven con el vino y la cerveza procede de comienzos del siglo XIX. Hay quien dice que nacieron en Jerez de la Frontera. En algunas tabernas, se colocaba sobre la copa una rodaja de embutido, dicen que para evitar que el polvo del ambiente cayera en el vino.

Según otras interpretaciones, el invento de las tapas se debe a Fernando VII, y si es verdad, hay que convenir que es una de las pocas cosas que hizo bien el Deseado, por desconocido, rey de España. Se cuenta que el monarca solía ir a tomar un vino en el Ventorrillo del Chato, que estaba situado en la Isla de León, actual San Fernando, y la ciudad de Cádiz. Cuando el dueño del figón le servía el vino, el rey le decía: "Chato, tápamelo". De ahí vienen las tapas.'

Así que ya sabéis, está editado en Maeva. Que aproveche.

domingo 13 de mayo de 2007

Viajes por España y Portugal


En esta ocasión quiero recomendaros la lectura de un libro que compré hace casi un año, en la pasada Feria del Libro. La verdad es que llevaba mucho tiempo detrás de él, así que fue toda una alegría poder traérmelo a casa. Su título es "Viajes por España y Portugal" y su autor Jerónimo Münzer.

Münzer fue un humanista alemán al servicio del Emperador Maximiliano, que reinó a finales del siglo XV, a la par que lo hacían Isabel y Fernando en España. Fue el Emperador el que le encomendó viajar por la Península y anotar todo cuanto diesen de sí sus viajes. Se piensa que no fue sólo la curiosidad por conocer a los habitantes de estos reinos la razón de este encargo. Se tiene por cierto que se buscaba estudiar las evoluciones de las expansión marítima de ambos reinos.

Münzer llegó a España en 1494 prolongando su estancia durante seis meses, por lo que puede ser bastante lógico que en su visita se dedicase a constatar todo cuanto se decía en Europa acerca del recién "descubierto" continente americano. De hecho mantuvo un constante contacto con las colonias de mercaderes alemanes instalados en España. Sea como fuere, Münzer no fue nunca un humanista reputado, perfil que cabe pensar que hubiese demandado el Emperador de aquella persona encargada de realizar un trabajo de estas características.

Se dice incluso (esto me llama mucho la atención) que el latín utilizado a la hora de componer estas crónicas fue un tanto "macarrónico", por lo que se entiende que era persona de pocos recursos, cosa que no le impidió ocupar un lugar más o menos destacado dentro de la escuela de Nüremberg. Lo cierto es que junto a las crónicas de Rosmithal, las de Münzer son recurrentemente citadas en la mayoría de los estudios referidos a la Baja Edad Media en España. Fueron editadas a finales del siglo XVIII ilustradas con unos magníficos dibujos a pluma atribuidos a Christoph Weiditz. Os transcribo un fragmento de cómo funcionaba la justicia por aquellos días en estos pagos, si bien pienso que hay que restarle algo de fiabilidad al relato pues son las notas tomadas por un "invitado" en casa ajena, y ya se sabe cómo somos los españoles cuando tenemos visita en casa, ¿no?. Pues eso.



(...) "Hace años, la justicia era pésima, porque los procuradores y abogados, con sus astucias, habían pervertido, como sucede en Alemania y en nuestras tierras, el sentido de lo justo y equitativo. El año en que el rey serenísimo (Fernando el Católico) estuvo en Barcelona, se reunió todo el condado de Cataluña, y con anuencia del rey se crearon ocho doctores en Derecho, pagados por la Diputación, a 500 libras anuales cada uno, que hacen 600 florines rhinenses, y un virrey para todo el condado. Éstos, inmediatamente que oyen a los testigos de las partes, fijan el día para pronunciar sentencia, que es inapelable.

Les está prohibido bajo pena corporal y pecuniaria recibir obsequio alguno, aunque en muchas ocasiones han sido puestos a prueba por si alguno los aceptaba. En aquel año se resolvieron más asuntos que antes en veinte. Con este sistema, el primero que perdió una causa fue el mismo rey.; pues cierto boticario demandó en derecho, y reclamó 1.000 ducados que por drogas y medicinas le debía el padre del rey (Juan II). Se pronunció sentencia contra el rey, y como heredero de su padre, hubo de pagar inmediatamente al boticario. Si aquellos ocho doctores y el virrey sentencian mal, llevados de engaño, del favor, de la ira o el odio, puede entonces apelarse al rey; y si se les prueba que la sentencia estuvo mal dada, es absuelto al que condenaron, y ellos a su vez son condenados en lugar del otro y, en consecuencia, son obligados a indemnizarle de su propio peculio. ¡Que Dios glorioso siga manteniendo esta justicia sobre ellos!..." (...)

jueves 3 de mayo de 2007

Recuerde el alma dormida...

Hoy toca La Alcarria. Lo cierto es que la provincia entera de Guadalajara es un cofre de sorpresas. Un cúmulo de felices acontecimientos para aficionados a la historia, al arte... También para aquellos con "gusto por la conversación y todo tipo de saberes inútiles" como decía nuestro añorado D. Luis Carandell, vecino 'vacacional' de la villa de Atienza.

Atienza, Brihuega, Sigüenza, Molina de Aragón, Torija...y en los límites de la provoncia con Soria, Medinaceli y el impresionante monasterio de Santa María de Huerta. Hoy toca Sigüenza. Secular cruce de vías de comnicación, ciudad de obispos. Y dentro de Sigüenza, un auténtico prodigio de la escultura funeraria tardomedieval en Castilla.

Supongo que se me perdonará el chovinismo, pero servidor es de los que vive convencido de que el Doncel estaría en las páginas de muchos manuales de Historia del Arte si el yacente no se llamase Vázquez de Arce, si no hubiese sido castellano. Por Doncel no se lo conoció nunca, es más, el sobrenombre se lo dió el arqueólogo Maria Lasala, en 1889. En realidad se llamó Martín Vázquez de Arce, hijo de Fernando Vázquez, secretario del Infantado y de familia con abolengo en el lugar. Fueron nobles de segunda fila, del tipo de los que se sirvieron con asiduidad Isabel y Fernando. De hecho, Martín murió en la Vega de granada, a los 25 años de edad, dejando una esposa y una niña. Sirvió en casa de los Mendoza; por tanto, lo hizo acostumbrado tanto al estudio de las letras como al de las armas. Dentro de las corrientes humanísticas del momento, la casa de los Mendoza ilustraba perfectamente el renovado interés por las artes y los saberes de los hombres del momento.

Quizá sea por eso por lo que "el Doncel" ha sido asumido como icono de humanistas, porque porta un libro entre sus manos, con la mirada perdida, envuelta en un pensamiento eterno. Aunque lo cierto es que el libro que sostiene en sus manos es la Biblia. La ausencia, hasta hace poco tiempo, de un autor le confería a la escultura un mayor halo de misterio. Pero hace pocas fechas que se puede afirmar que es obra del taller de Sebastián de Almonacid, hacia 1492.

En una sociedad con un marcado concepto de la honra y con las armas como medio seguro de medrar en la escala social, las guerras de Granada suponían un momento idóneo para cumplir estos objetivos. La cruzada contra el 'infiel' fue escenario de actos heroicos como el que causó la muerte de nuestro Doncel. Curiosamente, al hablar de la pequeña nobleza del momento, emerge otra figura estrechamente realcionada con el Doncel. Jorge Manrique. Muerto joven, también al servicio de los reyes, pero en la Guerra de la Sucesión. El caso es que cuántas veces no se ilustran las 'Coplas a la muerte de su padre' con la figura del Doncel. El famoso 'Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?' (¿Dónde están los que antes que nosotros fueron en este mundo?). El otoño de la Edad Media. La añoranza del pasado y la amargura de no saber dónde quedaron las gestas, los oropeles, la caballería...

Es por esto por lo que, tanto los versos de Manrique como la figura del 'Doncel' cautivaron al imaginación de los románticos. El drama de la muerte por honor, la lucha de una sociedad con la que desvanecen las últimas esencias de la Edad Media. Y todo ello plasmado en esa conmovedora mirada de alabastro, tan sugerente.

Los versos evocan la imagen y la imagen hace brotar los versos. Un hermoso canto de cisne de una época que fue y no volverá.


"¿Qué e hizo el rey Don Joan?
Los Infantes d'Aragón
¿qué se hizieron?
¿qué fue de tanto galán?,
¿qué de tanta inuinción
que truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
que fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos
sus olores?
¿Que se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué se hizo de aquel trovar,
las músicas acordadas que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?.