sábado 28 de abril de 2007

El artificio de Juanelo



Esto de llevar muchos años visitando ciertos lugares de forma recurrente tiene sus ventajas. Sobre todo, cuando uno ha ido desgranando los rincones de una ciudad a lo largo del tiempo, desaparece por completo el agobio del turista. La prisa por llegar a cualquier sitio. Además, soy de los que nunca renuncia a una conversación interesante con las gentes del lugar, porque ellos pueden ofrecerte una visión mucho más real de las cosas, mucho más auténtica, que la de cualquier guía al uso. Vivimos a velocidad de vértigo, llevamos la prisa allá a donde vamos y por eso se nos escapa a menudo ese detalle, ese ratito para charlar con ese ser humano que tanto podría aportar tanto a nuestro conocimiento como a nuestra condición de personas.

En este sentido me considero muy afortunado porque he podido compartir momentos deliciosos con gentes a las que el azar puso en mi camino. Algo así ocurrió ayer en Toledo. Decidí darme un paseo por el Centro de Interpretación de la Ciudad. Lo que en un principio iba a ser una exposición temporal en San Marcos, se ha acabado convirtiendo - afortunadamente- en un atractivo más para visitar Toledo. Más que marear al visitante con fechas y hechos históricos, el Centro explica perfectamente cómo es Toledo acudiendo a lo sensitivo más que a lo académico. En este sentido, la calidad de los audiovisuales es soberbia.

Yendo a lo que nos ocupa, estaba parado frente al artificio de Juanelo intentando comprender el funcionamiento de la maravilla. El 'ingenio de Toledo' fue una maravilla de la ingeniería del s. XVI. Con la sola fuerza motriz que proporcionaba el Tajo, era capaz de garantizar el consumo de agua en la Ciudad Imperial a través de un sistema de engranajes que ascendía del Tajo hasta el mismo Alcázar. Acudían a estudiarlo entonces gentes de toda Europa. Al lado, las clepsidras, que eran auténticos relojes de agua cuya particularidad residía en que se llenan o vaciaban según la posición lunar. De tal forma que tardaban 14 días en llenarse y otros 14 en vaciarse, cumpliendo el ciclo lunar de 28 días. Así, era un reloj al que poder consultar las horas tanto de día como de noche, en función al volumen de agua embalsado. Técnica de origen egipcio, conservada por los musulmanes e implantada en Toledo por Azarquiel.



Pero son Juanelo y su artificio los que nos ocupan (perdón por la calidad de la foto, no estaba permitido hacerlas). Mirando la maqueta que explicaba al proceso, percibí compañía a mi lado. Me giré y me encontré frente a un venerable anciano, pulcramente vestido de americana y corbata y con un sombrero que le confería una cierta distinción. Con una amplia sonrisa, se refirió al artificio de Juanelo introduciéndome en el conocimiento de su utilidad. Esa sonrisa volvió a repetirse cuando le dije que conocía el ingenio por los libros y alguna crónica. Pareció sentirse cómodo con la situación y comenzó a desvelar -para mi asombro y regocijo-, el funcionamiento de la máquina desde un punto de vista físico. Servidor, que es de letras, se enteró perfectamente porque si algo tenía la explicación era una claridad meridiana. Una sencillez solvente y precisa. Me atreví a preguntarle por Juanelo. Yo creía conocer su historia, pero sabía que mi venerable amigo podría contarme mucho más.

Juanelo fue en realidad Giovanni Torriani. Fue un físico italiano que se ganó los favores de Carlos I tras arreglarle un reloj que nadie conseguía poner en marcha. Fue el autor del prodigio hidraúlico que da título a este post. Cayó en desgracia por lo de siempre. Roma no pagaba traidores. España nunca pagaba a sus héroes. De esto supieron mucho Ambrosio Espínola, Juanelo, los últimos de Filipinas... y tantos otros. Amparándose en que no se había firmado contrato alguno, la guarnición del Alcázar decidió quedarse con el suministro de agua mientras la ciudad protestaba, inútilmente, por ello. Se decidió construir otro para la población, pero a Juanelo no se le había abonado-otra vez España-, la realización del primero. Esto condujo a la indigencia a Juanelo que terminó viviendo de la limosna catedralicia. Y aquí es donde nuestro hombre me relató una versión que desconocía acerca del Hombre de Palo.

Sí, el Hombre de Palo. Da nombre a una calle aneja a la Catedral. Se dice que Juanelo construyó un autómata de madera que circulaba desde esta calle al Palacio Episcopal mientras reverenciaba a los viandantes. En realidad, y según mi distinguido cicerone, se trató de un ingenio para que los disminuidos pudiesen sortear escaleras y demás obstáculos. Otra maravilla más. Y como quiera que las limosnas había que recogerlas en persona por aquello de la picaresca, alguna enfermedad obligó a Juanelo a construirlo.

Terminada la anécdota terminó confesando, casi una hora después, que él era el autor de la maqueta que estábamos observando. Don José Luis Peces. Ahí estaba su nombre. Maestro de balística del Ejército, apasionado de la Física. Realizó la maqueta en los sesenta en una prueba más de la su profunda pedagógica que lo llevó a impartir clases durante años y a participar en el desarrollo de proyectos punteros de la ingeniería militar del momento. Seguramente, unos de los pocos españoles que en su día era capaz de cartearse, -confesó seguir haciéndolo en la actualidad a sus 85 años- con la Academia Militar de West Point.

El personal del Centro le avisó de que tenía visita y esto, a mi pesar, interrumpió el relato. Un equipo de televisión extranjero venía a entrevistarle. Quizá por ello había decidido acudir a la cita elegantemente vestido. Sinceramente, servidor piensa que hay gente que no se pone elegante. Que lo es. Don José Luis. Uno acaba sabiendo que chinos, franceses, americanos, de las universidades más prestigiosas han venido a estudiar a Juanelo y para ello han buscado al señor Peces, que aprovechaba la visita de los chinos para seguir -siempre investigar- el rastro de las clepsidras en la tradición orbital y en los viajes de Marco Polo. Estrecho su mano y le agradezco su espontáneo magisterio antes de continuar la visita. Y, casualidad, vuelvo a encontrarlo en la salida. Se queja amargamente del desinterés de los españoles y me pide que cuente que existió Juanelo, que el artificio fue real. Que lo diseñó el mismo ingeniero que hubiese hecho navegable el Tajo hasta Lisboa de no haber surgido el proyecto de la Armada de Inglaterra...

Vuelvo a estrechar su mano y le prometo que así lo haré. Le pido que me deje fotografiarle y opta por colocarse de perfil, tal cual lo veis en la foto. Gracias, señor Peces.

lunes 23 de abril de 2007

Morados pendones viejos...


Hoy es 23 de abril. Ya sé que viste menos, pero es que además de San Jorge, hoy es el día de Castilla. De Castilla y León en el calendario oficial y de Castilla entera en el oficioso. Será porque servidor es de los que piensa que Madrid sigue siendo Castilla, pese al invento autonómico.

El 23 de abril de 1521, en la embarrada llanura de Villalar, terminó la Guerra de las Comunidades. Eso que algunos quisieron llamar la última revuelta feudal y otros la primera revuelta burguesa. El asunto es apasionante y daría para muchos post.

Para algunos fue la primera guerra civil, otros recuperan el mito comunero entroncándolo extrañamente con el pensamiento republicano. Obviados en algunas épocas, ensalzados en otras, Padilla, Bravo, Maldonado, los hermanos Zapata... subsisten tanto en los panteones de héroes como en el infierno de los villanos. Lo cierto es que el poema de Luis López Álvarez, musicado por el Nuevo Mester de Juglaría ha terminado por imponerse como himno oficioso de los nacionalistas castellanos.

Hay dos mitos, sin embargo, de los que convendría despojarse -en realidad hay bastantes más-. Ni la alta nobleza estuvo tras la revuelta, pues el único noble que se sumó a ella fue D. Pedro Girón -indultado por el Emperador tras Villalar-, ni el morado comunero fue tal. La nobleza se limitó a esperar el momento oportuno -cuando el Emperador Carlos había licenciado a sus tropas - para ofrecer su ayuda al monarca para sofocar la revuelta. Los comuneros pelearon bajo el pendón de gules (rojo) de Castilla, sin brisura alguna con el original. Sin embargo, el mito del morado tiene su origen un siglo después, en el XVII. El Conde-Duque de Olivares pagaba de su pecunio un pequeño regimiento llamado "Castilla", cuyo pendón era morado.

Según varios cronistas, éste es el origen del "morado castellano". en cualquier caso, os recomiendo vivamente los trabajos de J.A. Maravall y Joseph Pérez para saber más acerca de la revuelta comunera. Tras leer a estos señores, uno puede llegar a apasionarse con el episodio. Pero también puede pasar a no entender nada acerca de cómo se utiliza políticamente en la actualidad. Como en tantos otros casos.

Pese a todo, hoy, además de San Jorge, es el día de Castilla. Felicidades a los premiados, entre los que me incluyo.

sábado 21 de abril de 2007

La Puerta del Mayordomo


Dicho así, a poco suena. Si adelantamos que se trata de Toledo, me inagino que algún interés más despertará. Os propongo, no una visita a Toledo, sino detenernos un rato en uno de sus rincones más sugerentes. La Puerta del Mayordomo.

Es muy difícil encontrarla en las guías al uso con este nombre. Con el original - Bab-al-Mardum -, más si cabe. Pero como Mezquita o Ermita del Cristo de la Luz, seguro. Es otro caso curioso como el que se da en Segovia con la Iglesia-Sinagoga del Corpus. Hay quien se refiere a estos edificios en funcion a sus características de origen y hay quien prefiere "cristianizar" el nombre.La Puerta del Mayordomo se esconde tras una escalinata cercana a la Puerta del Sol de Toledo. Sobre los restos del alcantarillado romano de la ciudad, se sube una empinada y angosta escalera. Cruzamos la puerta sin ser casi conscientes de ello, porque enseguida distinguimos la planta de la mezquita con sus inconfundibles arcos bicromados.

Es un auténtico lujo poder pisar una mezquita de barrio. Lejos de la magnificiencia de otras como la de Córdoba, este pequeño oratorio tiene el encanto de lo recoleto. Dicen que un tópico es una verdad repetida muchas veces, y es que en este pequeño frasco se atesoran mucha más fragancias de las que puedan apreciarse a primera vista.


Las inscripciones de ladrillo nos hablan de que fue construida en el año 999 por Ibn Hadidi. En un espacio muy reducido se van abrendo las páginas de todo un tratado de arte andalusí, tanto del período califal como de las Taifas.


Si accedemos al interior, sobre las columnas visigodas y romanas -los andalusíes las raprovechaban siempre que podían- basta con mirar al techo para descubrir la piedra más rutilante de este pequeño tesoro. Una composición de nueve cúpulas cuya genialidad arquitéctónica sólo encontraría precedente en la Córdoba califal. Toda mezquita posee una qibla o muro de oraciones. Este muro contiene un nicho o mihrab y está orientado a La Meca Menos en el caso hispano, que se orienta al sur. Hay quien dice que por seguir el modelo de las mezquitas de Damasco - situada al norte de La Meca-, y hay quien sostiene que era por el sur por donde se perdían las caravanas de peregrinos que cruzaban el Estrecho para llegar a la Ciudad Santa siguiendo la ruta del Magreb.

En nuestro caso los cristianos llegados con Alfonso VI tras la conquista de la 'Tulaytolah' -Toledo- islámica en 1085, construyeron un ábside cristiano para transformar la mezquita en ermita cristiana. La ampliación está hecha con sumo cuidado y respeto por las formas originales. Esto hace que no podamos descartar que fuesen alarifes musulmanes (mudéjares) los que dirigiesen la ampliación. A su buen hacer debemos que, mil años después, podamos seguir apreciando la mezquita del barrio del mayordomo sn tener que emplear demasiado la imaginación.

¿Y por qué el Cristo de la Luz? Al llegar Alfonso VI a Toledo pasó junto a la mezquita subido a su montura. Al llegar a la altura de la mezquita, su corcel dobló las manos negándose a reanudar la marcha pese a las órdenes del jinete. Una piedra hollada junto al acceso marca -según la tradición- el lugar del suceso. Alfonso VI desmontó y entró en la mezquita. Aquí es cuando las crónicas que servidor ha oído y leído -incluso la del anciano guarda que cuidaba el recinto cuando no era visitable sino con cita previa- no aclaran qué llevó al rey a excavar el muro de qibla de la mezquita. Pero bueno, no seamos revientaglobos, el caso es que excavaron y hallaron la talla de un Cristo junto a una vela encendida. Como en toda tradición que se precie, por allí pasaba un paisano que sabía interpretar cuanto estaba sucediendo. Al ocupar el Toledo visigodo las tropas de Tarik, en el siglo VIII, los toledanos escondieron la talla para salvarla del saqueo y la profanación y encendieron un vela antes de tapiarla. La llama de esa vela había aguardado más de tres siglos la llegada de cristianos que liberasen la ciudad.

De cualquier manera, si algo debe causar impresión es poder pasear por un recinto de oración, tal y como era hace mil años. Cuando las voces del almuédano llamaban a la oración en una España sin campanarios.

No dejéis de probarlo.


lunes 16 de abril de 2007

Polvo...¿enamorado?



Pues parece que no salimos de Villanueva de los Infantes -y servidor encantado-. Hoy se ha dado a conocer el resultado de los análisis efectuados en la fosa común de la Iglesia de San Andrés.

Como dijimos en el post anterior Quevedo falleció el 1645, a los 65 años, en el Convento de Santo Domingo. Posteriormente sus restos fueron depositados en la Iglesia donde han permanecido hasta hoy junto a osamentas humanas y animales, además de objetos de todo tipo.

Descartados los restos de todos aquellos huesos que no pertenecieran a un varón de edad aproximada a los 60-65 años, se halló un fémur con una manifiesta deformidad que ha hecho pensar a los investigadores que se trataba del fémur de Don Francisco, causante de su característica cojera.

Polvo eres y en polvo te convertirás. En este caso era fácil que los cronistas recordasen uno de los sonetos que más fama le dio a Quevedo, Amor constante más allá de la muerte. Las crónicas aluden a que por fin se ha descubierto el 'polvo enamorado' del poeta.

Poco me cuadra la elección de estos versos, habida cuenta de la sabida y manifiesta misoginia de Don Francisco (curioso porque al quedar huérfano fueron las mujeres de su familia las que se hicieron cargo de él en la Corte) y su visión amarga y decepcionada del amor. Valgan estos versos como botón de muestra:


"Dime: ¿por qué, con modo tan extraño,
procuras mi deshonra y desventura,
tratando fiero de casarme hogaño?
Antes para mi entierro venga el cura
que para desposarme; antes me velen
por vecino a la muerte y sepoltura…"


Así es que a servidor se le antoja que la mayor pena que ensombreció los últimos días de Quevedo poco tuvo que ver con amoríos de ninguna clase y sí con los derroteros políticos del 'Imperio' y su apresamiento, su destierro y la profunda amargura de quien se sabe caído en desgracia.


Qué podría apenar si no a un personaje con una vida tan intensa. No podemos hacer un post dedicado a la biografía del genio. Pero sí podemos decir que fue el español que más lenguas dominaba en su época (pese a que fue tenido siempre por antisemita recalcitrante era capaz de escribir y expresarse en hebreo). Espía al servicio de la Corona en la apasionante Conjura de Venecia, siempre presto al duelo bien esgrimiendo rapiera o cálamo con la misma destreza...

Por esto, y muchas cosas más, se me antojan mal escogidos los versos.

Sólo me queda recomendaros, una vez más, un paseo por Villanueva. Quizá ahora con más motivo.
Acompaña al post una foto que hizo servidor en la celda del convento de Santo Domingo donde muriese Quevedo. Hay alguna del lecho donde expiró, pero me parece más justo mostrar una de su escritorio, del que manaron versos como estos:



"Retirado en a paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos, libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos"...

viernes 13 de abril de 2007

El lugar de la Mancha...

Bueno, pues ya es fin de semana. Y aunque el tiempo no acompañe demasiado, ahí va una opción más para aprovecharlo. Se trata de una pequeña ruta de la que bien se puede dar cuenta en una jornada si a uno no le importa madrugar un poquito.

Hace un par de años viajé muy a menudo, por motivos de trabajo, por la comarca conocida como Tierra de Caballeros. La Mancha en toda su expresión. La mancomunidad en sí da para mucho más que una jornada y está formada por múltiples lugares de interés.

Hoy me quedo con Daimiel, Almagro y Villanueva de los Infantes. De Daimiel, las Tablas. Felizmente recuperadas pues el año pasado se vieron seriamente amenazadas por la sequía. Es el lugar ideal para hacer la primera parada, sobre todo porque en primavera es cuando el humedal se muestra en todo su esplendor. Vale la pena detenerse en los puestos de observación de aves. Fochas, martines pescadores, garzas, sormomujos... y si hay suerte hasta alguna nutria que, aunque servidor no haya visto ninguna, así lo aseguran los guardas del parque. De la flora me quedo sin duda con el taray, árbol extraño donde los haya y de aspecto más que siniestro en época invernal.

Como en primavera el sol todavía no castiga como lo haría en julio, conviene aprovechar las primeras horas del día, sobe todo si uno quiere hacer buenas fotos, por aquello de la luz. Porque como pegue el sol, la luz de mediodía es implacable y las quema todas. Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de paisajes, callejuelas y casas encaladas que vamos a ver.

No es mala cosa aterrizar a la hora del Valdepeñas de rigor en Villanueva de los Infantes. El lugar de la Mancha. Digo esto porque en Villanueva tienen a gala ser el lugar de la Mancha del que Cervantes no quisiera acordarse. En sus calles señoriales encontraréis la Casa del Caballero del Verde Gabán, personaje cervantino.

Toda la villa rezuma barroco e hidalguía por los cuatro costados. La Casa de los Estudios que, como su nombre indica, tuvo una larga vida como escuela en el XVI-XVII. Hoy es un feliz comunidad de vecinos que habitan en un solar de la época con su esplandorosa corrala, tal cual era entonces. Los vecinos son guardianes celosos de esta joya y es muy difícil entrar. El que suscribe tuvo la suerte de poder hacerlo e incluso pudo tomar algunas fotos (como la que ilustra el post).

La Alhóndiga, que fue prisión y en cuyas columnas pueden verse los centenarios graffittis esculpidos por los presos que la moraron, la Iglesia...

Pero si hay un personaje ligado a Villanueva de los Infantes, ese es Quevedo. Señor de la Torre de Juan Abad, a la que fuese desterrado por el rey. Don Francisco murió en Villanueva, en el viejo convento de Santo Domingo.

Este convento es hoy Hospedería. La de 'El Buscón'. Buen momento para dar cuenta de los muchos y buenos platos de la gastronomía manchega. Migas, gachas, galianos, tiznao, pisto... comida sencilla y exquisita.

La sobremesa puede ser un buen momento para visitar la celda donde expirase el -a mi juicio- mayor ingenio de nuestras letras. Se conserva tal cual e impresiona ver la colección de manuscritos, entre los que puede verse uno que contiene la firma autógrafa del Conde-Duque de Olivares, su enemigo de más alcurnia.


Para la tarde, Almagro. No voy a contar nada de su Corral de Comedias -en parte por haceros el suplicio más corto, en parte porque hay miles de guías que lo cuentan mejor que yo-.

Lo que sí voy a recomendaros vivamente es un paseo, con la luz del atardecer, por el Barrio Noble de Almagro. Con sus casas encaladas, sus palacios y casas solariegas. Y una luz de atardecer como he visto pocas, quizá sólo en Segovia o Granada.

El barrio se presta para dar ese último paseo y apurarlo junto a una taza de buen café. Que aproveche.

miércoles 11 de abril de 2007

Pucelanos


Como sabéis, se conoce por pucelanos a aquellos que nacieron, viven y/o se sienten de allí. Menos conocido es el origen del gentilicio. Según las crónicas, habría que buscarlo en el siglo XV. La Guerra de los Cien Años se hallaba en una de sus fases más álgidas, con la aparición de Juana de Arco, que lideraba a las tropas francesas dispuestas a expulsar a las tropas inglesas del país galo.

En Castilla, casi un siglo antes, se había librado la guerra entre los partidarios de Pedro I -llamado por unos 'El Cruel' y por otros 'El Justiciero'- y Enrique de Trastámara, futuro Enrique II -el de las Mercedes, y no porque tuviese un éxito insospechado entre las damas de este nombre, sino por las prebendas con las que obsequió a cuantos le ayudaron a ganar la guerra y, con ello, la corona- de Castilla.

En este conflicto,
Pedro I recibió el apoyo de los ingleses a través de Eduardo, El Príncipe Negro - por el color de su armadura-; mientras Enrique encontró apoyo en la corona francesa de manos de Beltran Duguesclin y sus Compañías Blancas de mercenarios.

En definitiva, Castilla se convirtió en un campo de batalla más dentro de las disputas de la Guerra de los Cien Años. Al resultar victorioso Enrique, pactó una política de aliado con Francia. Años después, y fruto de esta alianza, el rey
Juan II -bisnieto de Enrique- mandó fuerzas de apoyo a Juana de Arco. Muchos de estos caballeros salieron de Valladolid en auxilio de la "Pucelle", es decir, de la Doncella de Orleans.

Así fue que, a su regreso, se los conoció por pucelanos, o "los de la Doncella".

domingo 8 de abril de 2007

Blancanieves y... Felipe II


De un tiempo a esta parte he escuchado en más de un sitio el supuesto origen del cuento de Blancanieves. Dicen que toda leyenda contiene algo real, se basa en algo que fue cierto.


Esto mismo ha debido de pensar el profesor alemán Eckhard Sander, especialista en cuentos y tradiciones populares. Afirma que Blancanieves tuvo su origen en un personaje de carne y hueso. Concretamente la condesa Margarita Von Waldeck. También fue envenenada, como el personaje del cuento, pero en esta ocasión no hubo príncipe que pudiese resucitarla.


Parece ser que el objeto de deseo de la joven era un príncipe. Ni más ni menos que Felipe II de España. La condesa era extraordinariamente bella, y quizá así le pareciera también a Felipe II, pero en la corte española esta posibilidad no fue acogida con demasiado entusiasmo.


Más de uno, llegados a esta altura, preguntará qué tiene que ver esto con Blancanieves. El caso es que una de las fuentes de ingresos de la familia Von Waldeck era la explotación de unas minas en las que usaban a niños, por su baja estatura. Estos niños, ataviados con ropa de trabajo y bastante desmejorados por las duras condiciones de trabajo que padecían, se asemejaban a auténticos enanos ( a los que la tradición confiere una gran habilidad a la hora de excavar minas).


No sabemos si eran exactamente siete, pero si nos dicen que a la condesa le encantaba jugar con ellos. Así que ya tenemos los ingredientes necesarios. Joven hermosa que muere envenenada, un apuesto príncipe (Felipe II lo era), los enanos, y para que no falte de nada hasta madrastra. Catalina Von Haztfeld, casada en segundas nupcias con el papá de Margarita.


Si damos crédito a esta nueva teoría, ya sabemos que Blancanieves no surgió exclusivamente de la imaginación de los hermanos Grimm.



viernes 6 de abril de 2007

Las siete maravillas

Parece ser que en estos días, alguien ha decidido que va siendo hora de esclarecer cuáles son las nuevas siete maravillas del mundo. Probablemente todo se reduzca a que en el acto, a celebrar en Lisboa el 7 de Julio de este año, se generarán unos cuantos miles de millones de euros en patrocinios y derechos televisivos y un río de comisiones que correrán de mano en mano, que es para lo que valen estas cosas.

Supongo que invocando el sentimiento patrio de los votantes, habrá quien se deje una pasta en SMS y demás. Y así, democráticamente, ya tendremos nuevas maravillas homologadas y con denominación de origen.

Cierto es que a servidor le fastidiaría mucho que la Alhambra quedase por detrás de la Estatua de la Libertad o la Torre Eiffel. Y no por chovinismo -que de eso saben mucho los franceses, que inventaron el palabro- sino por una cuestión elemental - siempre a mi juicio- de valor histórico y artístico.


Se entiende que las siete elegidas experimentarán un aumento exponencial de su industria turística. Ahí es cuando me entra el pánico y termino pensando que son las siete próximas candidatas a sufrir un deterioro más rápido en los próximos siete años. Nada que no arregle una restauración oportuna y cuidada, tipo teatro de Sagunto.

Claro que por otro lado eso son puestos de trabajo, más 'bienestar' para los habitantes de la zona. Hoteles, restaurantes, operadores, guías y la inmensa maquinaria de empresas que mueve el Turismo. Tanto que un país como el nuestro 'funciona' a golpe de ladrillo y turista casi en exclusiva.


Siempre he tenido bastante claro que no iba a contribuir con voto alguno, pero en estos días no puedo evitar pensar en este asunto. ¿Es lícito cambiar deterioro por 'desarrollo'?¿No sería mejor empezar a pensar que si queremos ser una 'potencia' deberíamos apostar por otras actividades que fomenten otras industrias que nos hagan más independientes del Turismo?.


Vale que teniendo uno de los patrimonios históricos más ricos del mundo sepamos explotarlo, pero tampoco apetece ver el Albaicín convertido en Disney World o la Torre de Comares en la mesa del estudio de un arquitecto 'iluminado'.. No sé, no sé...

El poder de la palabra

Hace ya siete años que descubrí esta página y desde entonces no dejo de recomendarla siempre que puedo. Se trata de 'El Poder de la Palabra'.

Bajo este estimulante título se agrupa un completo archivo gráfico y sonoro donde poder sondear desde la biografía o la obra de un literato, un episodio histórico, la obra musical de un compositor, pintura...

Una auténtica maravilla para pasar un rato entretenido. Sólo tiene una pega, es adictiva. Que aproveche.

A falta de aspirina, viagra y otras hierbas...

Estando Carlos I en Barcelona, padeció un severo dolor de cabeza y tuvo que recurrir a los galenos de la Corte. Sorprendentemente no recomendaron practicarle sangría alguna, que era el remedio más extendido fuese cual fuese la dolencia del paciente. Aunque parezca increíble, el médico de turno le sugirió afeitarse la cabeza para aliviar el dolor.


Obediente, el Emperador llamó al barbero y se resuró el cráneo. Y de esta guisa se presentó ante la nobleza catalana. De tal manera que durante los meses en los que el Emperador estuvo en Barcelona, el rasurado de cráneo hizo furor y no hubo noble en Barcelona que no pasase por peluquería.

Más chocante es la causa de la muerte de
Fernando el Católico. Fernando siempre fue un aplicado amante, hijos naturales fuera del matrimonio incluidos. Vigoroso en la guerra, la política y bajo el dosel. A la muerte de Isabel, y por garantizar una sucesión en la Corona de Aragón favorable a los intereses del reino, se casó con Germana de Foix. Germana era bastante más joven que él y no muy agraciada, todo sea dicho.

Sea como fuere, este episodio le cogió a Don Fernando entrado en años (53). Y para mantener el tono, sus médicos le recetaron cantárida (afrodisíaco extraído de la 'mosca española'), y un potingue a base de testículos de toro. La ingesta desproporcionada de estos remedios influyó directamente en la muerte del rey.

Nadie mejor que un médico para explicar esto. Y si el médico es historiador, miel sobre hojuelas. Esto ocurre con D. Pedro Gargantilla. En 2005, y en la Esfera de los Libros, publicó un ensayo bajo el título "Enfermedades de los Reyes de España", dedicado a los últimos Trastámaras y a los Austrias. Puedo decir que son 24 euros muy bien gastados porque nos descubren cosas fascinantes acerca de las patologías que afectaron a nuestros reyes y -lo más interesante- cómo afectaron a su forma de Gobierno.

Muy recomendable para curiosos de la Historia más allá de las vesiones comúnmente aceptadas.

miércoles 4 de abril de 2007

Los viajes de Alí Bey

Uno de los mayores retos a los que un aventurero occidental puede arriesgarse es a visitar el santuario prohibido (a los no musulmanes) de la Kaaba, en la ciudad islámica de La Meca. De hecho, no está probada la presencia de ningún occidental en este lugar hasta el siglo XIX. Para los que no lo sepáis, la Kaaba es el santuario al que dan vueltas los cientos de miles de peregrinos que acuden a La Meca. Se trata de un altar de piedra que viene a representar la posición en la Tierra bajo la que se sitúa el mismo Alá dentro de los siete cielos del Islam, aunque ya fuese un lugar sagrado que la tradición remonta a Adán. Evidentemente, los 'infieles' tienen vetado el acceso al santuario.

En muchos foros, se sigue diciendo que fue Sir Richard Francis Burton (el descubridor del lago Tanganika, como parte de las expediciones que pretendieron encontrar las míticas Fuentes del Nilo), el que disfrazado de musulmán pudo hacerlo.

Burton nació en Inglaterra (Torquay) en 1821. Pero exactamente 18 años antes, otro europeo recibió la misión de explorar el norte de África asumiendo la identidad de un príncipe musulmán.

Este europeo era español y estaba al servicio de Manuel Godoy (ministro del nefasto Carlos IV). Poco antes del desastre de Trafalgar, le fue confiada la misión al catalán Domingo Badía, quien cruzó el Estrecho en 1803. Portaba documentación falsa que aseguraba que era un príncipe descendiente de los abásidas.

Para conocer el maravilloso viaje de Domingo Badía podéis leer la crónica que él mismo dejó escrita. Os recomiendo vivamente la edición de la colección Minotauro, pues contiene mapas y notas del mismo Badía. Para el disfrute de aquellos a los que os atraiga lo que llaman "literatura de viajes", puede ser una lectura estupenda en vacaciones.

martes 3 de abril de 2007

...o la hora de todos

La verdad es que estuve pensando seriamente en el sentido que puede tener esto de escribir un blog ¿Uno más entre los millones que pueblan lo que llaman 'blogosfera'? Por supuesto. El que suscribe no suele protagonizar episodios de relevancia alguna en su vida diaria. Ni posee ideas que merezcan aproximarse al apelativo de útiles ni aún menos brillantes.

¿Qué por qué La Fortuna con seso? Pues porque es una de las obras de Quevedo que se me antojan de mucha utilidad si lo que quiere uno es encontrar algo de cordura que haga más llevadero este sainete con el que convivimos a diario. Y no es que yo pretenda, ni por un asomo, imitar lo inimitable. Ni erigirme en cronista de la Villa y Corte, ni en azote de conciencias ni nada que se le parezca...

Ajeno a esta historia de patrias que se resquebrajan, banderas con y sin, de tres colores o de dos, me confieso ferviente seguidor de la españología y de las gracias españológicas. Y, por supuesto, de su máximo exponente: D. Luis Carandell.

Aquí encontraréis pequeños retazos de historias de aquí y de allá, libros, excursiones -que suena menos exótico que decir viajes, carpetovetónico que es uno-, discos, exposiciones, fotografías, etc. Si Quevedo ha inspirado el título de este despropósito, no deberíamos pasar por alto lo que acerca de estos trances de las presentaciones escribía el bueno de Don Francisco en 'El mundo por de dentro':

'Si te agradare y pareciese bien agradécelo a lo poco que sabes, pues de tan mala cosa te contentas; y si te pareciere malo, culpa mi ignorancia en escribirlo y la tuya en esperar otra cosa de mí. Dios te libre, lector, de prólogos malos y de malos epítetos'.

Bienvenidos.