Después de que Alfonso VI tomase Toledo en 1086, la marca fronteriza se desplazó hacia el Sur, y esto hizo necesario repoblar aquellas zonas que ya se consideraban a una cierta distancia del frente y por tanto, posible marco de una incipiente estabilidad. Ávila encajaba perfectamente en este perfil, y es por ello por lo que Raimundo de Borgoña, casado con Urraca, hija de Alfonso, recibió el encargo de éste de supervisar la repoblación y desarrollo de la comarca. Para ello atrajo a gentes del norte de la Península, francos como lo era él mismo, judíos, mozárabes..., que se aprestaron a establecerse en estas tierras, ya pobladas en su día por vetones, romanos o visigodos.La Iglesia como elemento articulador de la estructura social de la ciudad medieval. Se impone la necesidad de levantar un templo acorde a lo que se espera sea una próspera e importante ciudad que garantice la prosperidad de los territorios circundantes. No menos necesario es dotar a la ciudad de una sólida arquitectura defensiva. Y es por esto que, al ser un proceso simultáneo, muralla y catedral aparecen perfectamente integradas. De esta forma, la catedral pasa a ser conocida como catedral-alcázar. La mejor prueba de ello es el famoso Cimborrio. La muralla no hace sino rodear la girola de la catedral y adaptar su trazado a ésta. Durante siglos, poseer el control del Cimborrio supuso dominar el punto más fuerte de la ciudad.
Sobre un antiguo templo dedicado a San Salvador, en 1091 Raimundo de Borgoña acomete la remodelación del templo. Para encontrar la primera referencia documental del mismo habrá que esperar a 1130, bajo el reinado de Alfonso VII. Este rey está representado en la figura que aparece, en el escudo de la ciudad, sobre el Cimborrio. Muerto Raimundo de Borgoña, padre de Alfonso VII, Urraca, hija de Alfonso VI, contrae matrimonio con Alfonso I de Aragón, el Batallador. Los frecuentes desprecios del aragonés hacia Doña urraca provocan la separación de ambos.
Sin embargo, la ambición del Batallador, le hace albergar esperanzas de extender definitivamente su influencia en Castilla consiguiendo por las armas la custodia del pequeño Alfonso, el rey niño. Para ello pone sitio a la ciudad con sus tropas. Exige que se lo entreguen y obtiene la negativa de los caballeros abulenses, que se mantienen fieles a su rey. El rey de Aragón demanda que se le muestre al niño por ver que continúa vivo. A fin de poder acercarse a la muralla sin temor a ser atacado o alcanzado por algún proyectil, se pacta la entrega de sesenta infantes de la ciudad, a lo que los partidarios del rey niño acceden. Los rehenes salen de la ciudad por la puerta que a partir de entonces pasó a llamarse de la Malaventura. Una vez que el rey niño fue mostrado sobre el Cimborrio, el Batallador manda asesinar a los sesenta infantes, hirviéndolos vivos según reza la tradición. Es por ello que al cerro Hervero, lugar en el que asentó sus reales el rey aragonés, pasó a conocerse como de las “Hervencias”. En agradecimiento a esta fidelidad, Alfonso VI añadió al escudo de armas de la ciudad la leyenda “Ávila del Rey”, por la fidelidad demostrada por los caballeros del lugar.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada