martes 21 de agosto de 2007

No todo está perdido

Servidor desarrolla sus peores defectos -es decir, trabaja- cerca del Hotel Palace. A las horas en punto suena un carillón ante el que se detienen los turistas para llevarse la foto de rigor. Como ya llevo unos meses frecuentando el barrio, he podido aprenderme la secuencia de las melodías que reproduce el ingenio.

Hasta ahora, lo de siempre. Que si el brindis de La Traviata, que si el Coro de los Toreros de Carmen... y todo ese tipo de 'clásicos' que uno termina abominando por 'acoso y derribo' de los horteras, que haberlos haylos y muchos.

Pero... maravilla. A las diez de la mañana se les ha colado una pieza de Juan del Encina. 'Fata la parte', ahí es nada. Nada de Puccini, nada de Verdi, nada de Bizet... Música española y además renacentista. Anatema. Sacrilegio. Pues eso.

2 comentarios:

Alatriste dijo...

Jeje, un soplo de aire fresco siempre se agradece, aunque la rutina sean tan exquisitas piezas musicales.

Rober dijo...

Bueno, siempre gusta escuchar un carillón y soy consciente de que es un privilegio que no he disfrutado en ningún estudio en los que he trabajado, pero... ¡Verdi no, por piedad! ;-)