No sé muy bien por qué, pero hoy he recordado la visita que hice hace ya un par de años al Museo de Brujería -entonces recién inaugurado-, en la Calle Daoíz de Segovia. Esta calle es una de las que discurren desde la Plaza Mayor hasta el Álcázar. Forma parte del barrio conocido como "Las Canonjías". En esta parte de Segovia es anexa al Alcázar y a la antigua Catedral de Santa María, que se erigía antes de la Guerra de las Comunidades sobre el ahora jardín del Alcázar. De esta catedral se conserva el claustro, llevado pieza a pieza hasta la catedral "nueva", que es la que hoy puede contemplarse, comenzada hacia 1525 bajo el reinado de Carlos I. En este barrio vivían los clérigos de la ciudad y está considerado como el conjunto civil románico más importante de Europa. Para confirmarlo no hay más que fijarse en los portales de muchas de las hoy viviendas del barrio.
Y es en una de estas casas, construida en el XIV y según se dice refugio de criptojudíos, en la que se ha asentado esta muestra itinerante recogida por un italiano en la década de los 30 y 40. Pócimas, venenos, momias, pactos satánicos, instrumentos de tortura.... Suficiente, a primera vista, para hacer las delicias de los aficionados al esoterismo.
Claro que algo de la buena disposición inicial se marcha con los cuatro euros que cuesta la entrada. Oscuridad, luces indirectas y música ambiental reciben al visitante. Al llegar se puede contemplar el busto de un supuesto vampiro momificado, y ahí es cuando uno comienza a rascarse la coronilla y a oler a chamuscado. En realidad, la muestra no deja de ser una sucesión de experimentos de un taxidermista aficionado a transformar monos titíes en seres fantásticos. Tal y como decía un buen amigo, "pinto, corto y coloreo" hubiese sido un buen subtítulo para la exposición. Cadáveres de supuestas sirenas halladas en el mar (de aparente cera), pactos de sangre firmados por la mismísima cancillería de Satanás, toda suerte de consoladores cuyo uso se atribuye a brujas, el Osel -o forma fálica con patas que causaba furor entre las doncellas italianas que visitaban las eras para recoger flores (y perder alguna de paso)-, etc. En el sótano, una colección de instrumentos de tortura que se me antoja como lo único que vale la pena o al menos aparenta algo más de autenticidad. En fin, no todos los días puede visitar uno el interior de una casa de más de quinientos años en plena Canonjía. Pero, vamos, a no ser que seáis fervientes admiradores deMiguel Blanco, Jiménez del Oso, Javier Sierra y compañía, a unos metros tenéis la Casa Museo de Antonio Machado, sin fantasmas, que se sepa, y con un atractivo mucho más real y justificado.

1 comentarios:
A punto estuve de entrar la ultima vez que fui a Segovia. La verdad que la entrada ya da un poco de aspecto de fraude aunque puede que contenga cosas de interés.
La verdad es que por Castilla nos encontramos con bastantes ejemplos de leyendas satánicas, brujeriles o de seres fantásticos... algún día en Terra Castellae lo iremos recogiendo.
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