Quién no ha acudido a la matanza de su pueblo, o a la matanza del pueblo de algún amigo o conocido. Son una auténtica fiesta y suponen una prueba más del culto que tenemos en España por el cerdo y sus derivados, del que salen auténticos manjares como el jamón serrano. Y no deja de ser extraño si tenemos en cuenta que España ha sido un lugar con una fuerte y prolongada presencia hebrea y musulmana. Como sabéis, para estas religiones el cerdo es un animal tabú, por impuro.
Sin embargo, fue muy frecuente -y en algunos lugares lo sigue siendo- ver a los lugareños realizar sus matanzas en plena calle, a la luz del día. La razón no hay que buscarla en un afán sanguinario. Es tan sencillo como que todo aquel que hacía su matanza a la puerta de casa, demostraba que consumía cerdo, y por tanto quedaba exento de pasar por judío.
Y esto no estaba de más durante el tiempo en el que la Inquisición contaba con 'familiares' a su servicio. Los 'familiares' eran personas que delataban a los supuestos judaizantes o criptojudíos; vigilaban con especial celo a los llamados marranos o conversos. Se pensaba que seguían practicando sus ritos en la clandestinidad -aunque en la mayoría de los casos no fuese cierto-, así que era una buena forma de dar a entender a la parroquia que no se era sino lo que se llamaba cristiano viejo, es decir, cristiano de pedigrí.
Sin embargo, fue muy frecuente -y en algunos lugares lo sigue siendo- ver a los lugareños realizar sus matanzas en plena calle, a la luz del día. La razón no hay que buscarla en un afán sanguinario. Es tan sencillo como que todo aquel que hacía su matanza a la puerta de casa, demostraba que consumía cerdo, y por tanto quedaba exento de pasar por judío.
Y esto no estaba de más durante el tiempo en el que la Inquisición contaba con 'familiares' a su servicio. Los 'familiares' eran personas que delataban a los supuestos judaizantes o criptojudíos; vigilaban con especial celo a los llamados marranos o conversos. Se pensaba que seguían practicando sus ritos en la clandestinidad -aunque en la mayoría de los casos no fuese cierto-, así que era una buena forma de dar a entender a la parroquia que no se era sino lo que se llamaba cristiano viejo, es decir, cristiano de pedigrí.

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