jueves 21 de junio de 2007

La campanilla, el Papa y el embajador

Los embajadores españoles en el Vaticano son los únicos que tienen el privilegio de hacer uso de una campanilla para llamar al servicio (al menos cuando al servicio se le reclamaba de esta manera). Consiguió el mérito Don Enrique de Guzmán, segundo Conde de Olivares y padre del valido de Felipe IV.

Realmente, sólo el Sumo Pontífice hacía uso de la campanilla. Hasta que llegó Don Enrique a la corte de Sixto V. Hombre de fuerte carácter, como lo fuera después su hijo el llamado Conde-Duque, Don Enrique decidió usar la campanilla ante las protestas airadas del resto de las embajadas y del propio Pontífice.

Esto, que puede parecernos hoy una fruslería, suponía una afrenta en una sociedad basada en complejas estructuras protocolarias. No era lo que se hacía, sino cómo se hacía.

Ante la advertencia papal, Don Enrique encontró una alternativa. En adelante llamó a la servidumbre… a cañonazos. Se oían en toda la ciudad, sembrando el temor y el desconcierto entre los romanos. Sixto V no tuvo más remedio que permitir que Olivares usase una campanilla como la suya.

2 comentarios:

Rui dijo...

Que buena la historia... yo me imagino utilizando el mismo método, el de la campanilla no, el de los cañonazos para reclamar un poco de atención, jejeje.

Rober dijo...

Para pedir un aumento salarial no está nada mal, ¿eh? :-)