lunes 12 de octubre de 2009

Hasta pronto

Pues sí. En 'La Fortuna con seso' echamos el cierre por una temporada; quizá lo que resta de año. Todavía no está claro si más adelante continuaremos con este mismo formato o pasaremos a proponer algo más lucido. Lo cierto es que llevamos una buena temporada sin nutrir de material el blog tal y como se debe y, al cabo, las pocas actualizaciones que aparecen no tienen la calidad apetecida.

Hace dos años y medio que nos asomamos a la blogosfera con mucho que contar o, por lo menos, con una gran ilusión por hacerlo. Muchas cosas han sucedido desde aquellos días y, a la postre, quizá la peor de ellas es haber permitido que los quehaceres laborales hayan invadido más parcelas de las deseables. Tanto que ha llegado el momento de poner en orden muchas cuestiones y, sobre todo, zafarse el estrés para recuperar la ilusión por todas estas cuestiones que en 'La Fortuna' se conocen como 'saberes inútiles'. Tan inútiles, que son aquellas cosas que nos permiten seguir siendo humanos o, al menos, nos dejan intentarlo.

Así que, no sin pesar, nos tomamos un tiempo para el reencuentro con nosotros mismos, para intentar que los tentáculos del mundo laboral no terminen de asfixiar cuanto somos fuera de ellos. Pues realmente, somos lo que somos cuanto estamos alejados de ellos. El resto tiene mucho de mal necesario.

Gracias al puñado de incondicionales que hasta aquí nos han acompañado. Nos vemos con el nuevo año.

lunes 24 de agosto de 2009

El Cancionero de la Catedral

Si apurábamos la entrada anterior mostrando una de las maravillas documentales que atesora la Catedral de Segovia, comenzamos esta última parte del ‘triplete’ prometido, citando una maravilla musical, también custodiada entre sus muros.

Descubrí este cancionero en un polvoriento y olvidado lineal de unos grandes almacenes que, por cierto, ya no tienen un hueco entre sus estanterías para la Música Antigua. Os puedo asegurar que pocas cosas hay más hermosas para quien esto escribe que llevárselo en unos auriculares y recrearse, cualquier tarde de otoño, desde lo alto de la Torre de Juan II, en el Alcázar.

La versión que ahora escucho mientras perpetro esta entrada fue producida y editada, cómo no, por un sello extranjero, alemán para ser más exactos. Sigue siendo lamentable la casi absoluta desidia, cuando no desprecio, con los que maltratamos un patrimonio con el que en otros países se harían maravillas. Cachulis, Pantojas y ‘otés’. No hay más cera que la que arde.

Volviendo a nuestro manuscrito, hay que saber que no fue concebido expresamente para su uso en la Catedral. Fue recopilado en los últimos tiempos del reinado de Isabel I, con piezas de autores muy diversos, entre lo sacro y lo profano. El nombre le viene más por el lugar donde fue descubierto el manuscrito, el archivo de la Catedral, en 1922. Pero se sabe que su ubicación original, lógicamente, fueron las dependencias del Alcázar, desde las que se trasladaron a la Catedral, sin que se tenga noticia del motivo del traslado.

En la cabecera un fragmento, para deleite del aficionado. Se trata de una pieza de Juan del Encina, uno de los músicos españoles favoritos de la casa. Si apreciáis la letra, habla de una forma muy determinada de vivir que, a riesgo de parecer superflua, a nosotros nos sugiere un buen montón de cosas más. Tales como que si todos viviésemos acorde a estos pareceres, el mundo sería un sitio más respirable. En cualquier caso, ya en los principios de 'La Fortuna' asumimos vivir en un anacronismo perpetuo. Nos hicieron así.

domingo 16 de agosto de 2009

Aljama y judería



Terminábamos la última entrada comentando la diferencia entre los significados de aljama y judería y prometíamos retornar al asunto para dar unas pinceladas acerca del devenir de ambas en la ciudad del Eresma.

Podríamos decir que para que hubiese una judería hubo de haber, necesariamente, una aljama a la que confinar entre sus muros. No se tiene constancia documentada acerca de los primeros pobladores judíos de Segovia. Pero el fruto más inmediato de la convivencia entre vecinos de distintas hechuras y costumbres, suele ser el de los pequeños disturbios del día a día. Es por ello que las primeras evidencias pueden hallarse en pequeños pleitos vecinales. Éstos se produjeron en partes muy diversas de la ciudad, lo que nos hace concluir que la aljama estaba formada por individuos asentados libremente dentro del trazado urbano. Pero fueron pleitos libres de todo componente religioso, fueron percances vecinales resueltos por la vía judicial común. De hecho, es en los archivos de este tipo y de forma indiferenciada con el resto, donde los investigadores encuentran referencias escritas a estos acontecimientos.

La prosperidad siempre ha estado detrás de los movimientos migratorios y, en ocasiones, un acontecimiento concreto sirve de resorte para impulsar el desarrollo de una zona concreta. Según Bartolomé, la concesión del obispado en 1120, bien pudo terminar de darle a Segovia el rango de urbe destacada. En este punto, conviene recordar el carácter articulador de las parroquias y obispados en las ciudades, no solamente desde el punto de vista estrictamente espiritual, sino también desde la influencia socio-económica derivada de éste. Por tanto, y sin pruebas documentales de ello, podríamos pensar en el siglo XII como una buena fecha para la llegada de los primeros judíos a Segovia.

Sin embargo, hay una fecha que supone en sí misma un punto de inflexión en el asunto. Tras la muerte de Juan I llegó el pogromo de 1391. Para los no familiarizados con el término, un pogromo es una palabra derivada del ruso pogrom, que quiere referirse a una matanza y robo indiscriminados de una multitud indefensa. Curiosamente, la segunda acepción de la RAE para definir el término habla de ‘asalto a las juderías con matanza de sus habitantes’
. Una vez muerto el rey Juan el clero más beligerante, que ya había dado muestras de sus intenciones con anterioridad, encontró un vacío de poder del que se sirvió para enardecer a las masas.

Poco después, en 1412, los tutores de Juan II –aún menor de edad a la muerte de Enrique III, el Doliente- proclamaron las leyes de Ayllón. Éstas tenían como objeto establecer un cerco fiscal y legislativo que controlase cualquier tipo de actividad de los miembros de la aljama. Si a todo esto, sumamos las viscerales prédicas de San Vicente Ferrer, ya tenemos los mimbres necesarios para justificar el confinamiento de la aljama en un espacio físico fácilmente identificable y, por tanto, fácil de ser controlado. Es el nacimiento de la judería como tal.

Físicamente, ocupó los márgenes de las murallas a la altura de la puerta de San Andrés, desde la Plaza de la Merced y hasta el final de los actuales jardines de Isabel II. Tuvo siete accesos, siendo el más utilizado por los turistas el que se encuentra junto a la antigua Sinagoga Mayor, hoy Iglesia del Corpus Christi. Cabe decir que en esta iglesia, se produjeron ciertos acontecimientos a los que ya nos referimos con anterioridad en este blog, y que son una buena muestra del ambiente en el que tuvieron que vivir los miembros de la aljama segoviana durante el siglo XV, siglo que vio, en sus últimos años, la proclamación del edicto de conversión forzosa o expulsión de los miembros de la comunidad hebrea.

Hoy, gracias al esfuerzo de gentes como Bonifacio Bartolomé y al empeño de las autoridades segovianas, tenemos ocasión de poder rastrear físicamente la ubicación de lo que fueron las sinagogas, el cementerio del Pinarillo, la antigua carnicería… Siendo fieles al espíritu de ‘La Fortuna’, os dejamos en la puerta de la judería segoviana para que seáis vosotros mismos los que disfrutéis del inmenso placer de descubrir cuantas cosas aguardan, pacientes, el encuentro con el viajero. En este sentido, se hace recomendable una visita al Centro Didáctico de la Judería, depositario del trabajo de Bartolomé, para aquellos que quieran profundizar y sacarle más partido a la visita. Ya veis, Segovia es mucho más que Alcázar, Acueducto y Catedral. Que aproveche.

La imagen pertenece a una bula papal de Inocencio IV, emitida a mediados del siglo XIII, en la que se recuerda al obispo segoviano la obligación de mantener identificados a los judíos de la ciudad, conforme a las normas establecidas. Este original se conserva en los fondos del Archivo de la Catedral de Segovia.

lunes 22 de junio de 2009

El 'triplete' segoviano. Boni.

Es sabido por el puñado de pacientes y leales sufridores que nos honran con su visita que si se quiere ver feliz a quien escribe estas líneas, hay que buscarlo paseando por Segovia, que es lo que queda cuando todo y todos pasan. Por eso dedicaremos los siguientes tres capítulos de 'La Fortuna' a un 'triplete' que puede ganarse todos los años y que nos emociona bastante más que las hazañas futboleras, sean éstas de quienes fueren. La obra de Boni y el archivo de la catedral, la aljama hebrea de Segovia y el Cancionero de la catedral forman nuestra terna 'galáctica'. Va por ustedes.

Ya hemos dedicado alguna entrada a intentar desgranar, con más fe que acierto, algunas de las maravillas que esperan a ser descubiertas por todo aquel que esté dispuesto a estar en Segovia y no pasar por ella, aunque de una jornada se trate. Y no es que nos confiramos vitola de entendidos o grandes contadores de historias. Lo fiamos todo a la devoción propia y a la paciencia de quien nos tolera, a partes iguales. No han sido pocas las veces que quienes me conocen me preguntan de dónde viene este arrobamiento que dura ya veinte años. Quizá si hablase de París o de Roma todo estaría más justificado a ojos de muchos. Por eso yo siempre digo que estas son cosas del amor. Quien lo probó, lo sabe.

Es por esto que parece justo que, si no queremos dejar de hablar de maravillas, no se nos queden en el tintero aquellas gentes que la suerte pone en tu camino y con las que puedes compartir saberes 'inútiles', de esos que tanto gustan en esta casa.

Estos días, quizá por nostalgia, he releído la 'Guía de la Judería Segoviana', escrita por Bonifacio Bartolomé Herrero. Y no he podido evitar pensar en aquellos que a su vez creen que la Historia se escribe desde el mirador de la subjetividad y al abrigo de prejuicios y tendencias. Leer a Bonifacio es mucho más que leer acerca de los judíos segovianos. Es un encuentro con la objetividad, el buen hacer y, sobre todo, la paciente capacidad investigadora de quien destila gusto por lo que hace y respeto por lo que estudia. Así, su obra es el vivo reflejo de cuanto uno comprueba cuando comparte un rato de conversación con él. Sin prisa y sin pausa, va casi ocultando cientos de horas de oficio y saber tras el velo de la nítida sencillez -nunca simpleza- que ostentan quienes saben de lo que hablan y poseen la habilidad de hacernos saber, sin alarde ni pretensión alguna, que estamos bebiendo de la fuente adecuada.

Bonifacio es el archivero de la catedral de Segovia. Allí custodia miles de pergaminos y legajos a los que trata con tanto mimo como a cualquier investigador o curioso que atraviese el zagüán de su sancta sanctorum. Tuve la fortuna de trabajar codo a codo con Boni hace ya algunos años y tengo el placer de pasar a visitarle cuando me dejo caer por Segovia algún día de diario. Con orgullo conservo un ejemplar dedicado de esta guía que hoy quiero recomendaros.

El interés por rescatar la judería segoviana del olvido vino en el siglo XIX, de la mano de Fidel Fita y otros investigadores que colocaron la primera piedra de lo que hoy es la necesaria asunción, por parte de los vecinos de Segovia, de su pasado hebreo. Analizando escrupulosamente una buena cantidad de documentos, Boni data las primeras noticias de la presencia de judíos en la ciudad buscando en las propias fuentes catedralicias. De la presencia, que no de la llegada. Interpretando leyes, documentos de arrendamiento, disposiciones papales... va tejiendo el relato de cuantos formaron la aljama segoviana. Y decimos aljama porque este es el término correcto cuando queremos referirnos a la comunidad como entidad espiritual. Para referirnos a la judería propiamente dicha, hablamos de la parte física del trazado urbanístico donde moraron los sefardíes.


Próxima entrega, la aljama y la judería.

viernes 5 de junio de 2009

Obama y Al-Andalus


Buscando un ejemplo de convivencia entre la cultura occidental y el Islam, hace unas horas que Obama ha rescatado el mito de Al-Andalus, tan recurrente en estos casos. Caso aparte es el error de identificar Anladucía como Al-Andalus pues como es sabido, ésta ocupó mucha más extensión que la que abarcan los límites actuales de las regiones andaluzas. Pero supongo que es mucho pedir y que habría que conformarse con que un norteamericano sepa localizar a Andalucía, o a la misma España, en un mapa.

El asunto del mito andalusí es cosa que viene de largo, y de la que se han servido hasta el abuso políticos y consejeros de turismo de toda índole. Tanto que ha terminado por ser un mantra de fácil aplicación para resaltar los valores históricos hasta en los sitios en los que se sabe que no convivieron las 'Tres Culturas'.

En lo que a los musulmanes, que no exclusivamente árabes, respecta, es sabido que acuñaron el término qitabíes, para referirse a las 'gentes del Libro'. Es decir, toleraban mucho mejor a las otras dos grandes religiones monoteístas, pues beben directamente de sus mismas fuentes. Pero, exactamente, toleraban. En la exacta acepción del término. Quien tolera, permite, concede un permiso. Es decir, nada que se mueva en los términos de 'igualdad' -cuidado con esta palabra ahora, que la están redefiniendo-, sino desde una posición de superioridad.

Huelga decir que el error que más comúnmente cometemos los españoles cuando hablamos de Historia, es el de no comprender que hechos acontecidos hace siglos no pueden juzgarse con las claves sociales que manejamos siglos después. Por tanto, los soberanos castellanos, aragoneses, franceses, andalusíes, etc. y, por tanto, sus políticas no eran sino fruto del tiempo en el que se vivieron.

Con esto queremos decir que nada o casi nada es como parece que fue. Sobre todo si nos apoyamos en cineastas, novelistas de súperventas o tertulianos que de todo saben y de todo imparten cátedra sin el más mínimo rubor. Por eso conviene acudir a las fuentes. O en su defecto a una opinión -mejor siempre varias - autorizada, que nos las traiga debidamente tratadas. Y para ello nadie mejor que un historiador, pues es su tarea. Es triste que haya tanto periodista y tan pocos historiadores en el mundo de la divulgación. Supongo que parte de culpa tendrán unos y otros. Tanto como nosotros mismos y nuestro eterno complejo a la hora de asumir nuestra propia Historia, nutrida de leyendas ni más ni menos negras que las de cualquiera de nuestro vecinos europeos, que asumen las suyas con plena normalidad.

Si quieren una fuente aquí tienen una. Serafín Fanjul y su obra 'La quimera de Al-Andalus'. Si se deciden a leerlo, olvídense de las versiones edulcoradas y políticamente correctas a las que nos tienen acostumbrados. Y ojo que por cuestionarse algunas cosas, podría caer sobre ustedes alguna filiación política. Esas de las que se adjudican por estos pagos con una facilidad pasmosa, alimentadas por la ignorancia y el nulo deseo de abandonarla de los que solemos hacer gala. En fútbol y política todo vale, hasta mezclarlos con la Historia.

Así que lean sin complejos la obra de Fanjul y tendrán acceso a otra visión del asunto, ejercicio absolutamente imprescindible para ser un pecador como es debido y forjarse, o al menos intentarlo, una opinión propia acerca de las cosas.

Lo encontrarán en la editorial s.XXI por unos 15 euros. Como el objetivo de esta entrada es animarles a su lectura, reservamos nuestra valoración de la obra y dejamos al lector la puerta abierta para aportar las suyas. Que disfruten del apasionante viaje por los senderos de la inquietud y la contradicción.

jueves 28 de mayo de 2009

El prudente Rey Mago (II)



Habíamos tomado como ejemplo para ilustrar el contenido de esta serie una forma geométrica situada en los frescos de la bóveda del coro del Monasterio. Concretamente, una obra de Luca Cambiaso, que precede a este texto. El cubo es un derivado del cuadrado, figura capital de la matemática pitagórica y se ha venido asociando con la Tierra, es decir, con el más pesado de los elementos. Retomando el argumento pitagórico, los sabios renacentistas consideraron a esta figura geométrica como
la base de cualquier proporción armónica. En sí mismo es el fruto de tres operaciones matemáticas, por tanto no parece descabellado que figure bajo la representación de las tres formas divinas. Y más si tenemos en cuenta que esas tres formas fueron la génesis de la Tierra como elemento propio.

Pero si alguien había llevado a su máxima expresión los significados esotéricos del cubo fue el filósofo Raimundo Lulio. Encontramos abundantes ejemplares atribuidos a Lulio o Llull en la biblioteca, no sólo de Juan de Herrera, arquitecto de Felipe II, sino en la del mi
smo rey. Llegados a este punto, deberíamos sacudirnos los residuos de la ‘leyenda negra’, que aún distorsionan la figura del rey ‘prudente’. Bastaría repasar la gran variedad de títulos dedicados a las ciencias esotéricas que pueblan la biblioteca de El Escorial. No puede ser de otra manera, pues al soberano timorato y ultra católico que nos pintan algunas tradiciones de mucho arraigo pero poco fundamento, cabría oponer rasgos de su personalidad que apenas suelen mencionarse. Tal es el caso de sus inquietudes intelectuales, en la línea de las de cualquiera de sus coetáneos europeos. Y en este sentido convendría recordar que tras las dos bancarrotas de su reinado, recurrió a los servicios de afamados alquimistas para aliviar las arcas reales. Esto en sí mismo no lo coloca a la cabeza de ninguna corriente intelectual, desde luego, pero sí ayuda a ubicarlo entre los monarcas de su tiempo, que persiguieron el mismo anhelo y vivían guiados por las mismas ambiciones.

Mucho se ha hablado acerca de las similitudes entre El Escorial y el Templo de Salomón. No deja de existir un cierto paralelismo entre David y su hijo Salomón, y Carlos I y Felipe II. David y Carlos fueron reyes eminentemente guerreros. Salomón fue, sin embargo, el escogido para erigir el Templo. Un fue un guerrero sino un sabio. Por eso s
e establece el paralelismo entre Salomón y Felipe. Cosa que, por otro lado, era común en la época cuando se quería revestir de dignidad cualquier reinado. No obstante, no deja de ser curioso que en las medallas conmemorativas de la colocación de la primera piedra del Monasterio, ya apareciese una alusión directa al Templo de la Ciudad Santa. Para apoyar a las teorías que relacionan el templo escurialense con el jerosolimitano, podemos resaltar que son las figuras de los reyes hebreos las que presiden el patio. También podemos observar que, al igual que en Jerusalén, el acceso al santuario estaba vetado al común, que permanecía en el patio durante las liturgias. Es el concepto de accesos según los niveles iniciáticos, ya presente en el Antiguo Egipto.

Tradicionalmente, incluso los guías del recinto siguen
repitiéndolo machaconamente, se interpreta que la planta del Monasterio es una alusión a la parrilla en la que la tradición cristiana afirma que recibió martirio San Lorenzo. Sólo una buena dosis de ingenuidad o de ignorancia puede sostener tal afirmación. La planta está dispuesta de tal forma que nada queda sujeto al azar, ni posicionado de forma arbitraria. Los mismos jerónimos que después poblaron el Monasterio se quejaban reiteradamente de que Herrera había atendido a las cuestiones ‘simbólicas’ más que a facilitar la vida monástica de la comunidad.

La planta es el resultado de un minucioso cálculo matemático basado en las proporciones pitagóricas y en el número áureo, o Divina Proporción. Pero, a su vez, verlo reducido a un conjunto de operaciones matemáticas nos privaría de la esencia y le restaría al conjunto todo aquello que lo hace diferente. Para entenderlo, hay que admitir que el número por sí solo reduce la realidad a una cuestión cuantitativa, desechando lo cualitativo. Habría que comprender la existencia de una parte de nuestra identidad, relacionada con lo supra racional, que trasciende al conocimiento común y posibilita la inteligencia, en la medida que ésta es algo más que sucesiones numéricas o enunciados matemáticos. Este es el paso que facilita l
a contemplación de la arquitectura escurialense desde el punto de vista en el que fue concebido.


El Templo es, en sí mismo, una representación condensada del orden celestial, de la armonía celeste. Por tanto, debe recoger dentro de sí los principios inmutables de este orden y su reflejo en los cuerpos celestes. Podría extrañarnos hoy en día, pero Vitrubio, en sus Diez Libros de Arquitectura, confirma que la música y la astronomía debían figurar entre los saberes imprescindibles de todo aquel que se considerase como arquitecto.

De Vitrubio nos llega el antropomorfismo, o el hombre como medida de las cosas que después retomará Da Vinci. El punto de intersección entre el círculo y el cuadrado (esfera y cubo) que forma sería el ombligo. Por otro lado, los ideólogos de El Escorial utilizaron la analogía del hombre con los brazos extendidos como paralelismo de la crucifixión de Cristo. Así había sido aplicado este concepto durante todo el Medievo.

Ahora bien, las proporciones del hombre vitrubiano no satisfacían las necesidades de disposición del monasterio como a sus arquitectos les pareció que debían hacerlo. Es por ello que recurrieron a la figura del hombre cosmológico. Esto, en sí mismo, es el resultado de una ‘coexistencia’ de ciencia y esoterismo, algo mucho más normal entonces de lo que nos debe parecer ahora.

Un argumento más a favor de las teorías que afirman que el Escorial es una copia del Templo de Salomón, es la metodología empleada en su construcción. Evidentemente, conviene aclararlo, no estamos hablando de una copia en el sentido estricto. Hablamos de una recuperación de los símbolos y sus conceptos. Al igual que en el caso del Templo, los sillares de El Escorial fueron tallados en su mismo origen de extracción. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es otra similitud más con el Templo de Jerusalén.

En cualquier caso, dejaremos en este punto que sean las voces realmente autorizadas de cuantos sobre este asunto nos arrojan algo de luz, resultado de muchos años de estudio. Nada nos haría más felices que conducir a nuestros pacientes lectores hasta el inicio del camino.

jueves 21 de mayo de 2009

Dicebamus externa die…

Pues sí, ni más ni menos que dos meses y pico sin asomar por estos lares. Abandonados, víctima del trajín cotidiano del autónomo, pero no por ello encerrados en el cajón del olvido.

El próximo jueves 28, tendré el placer de seguir castigando con la impuntualidad de costumbre, al reducido grupo de pacientes lectores de este rincón de saberes inútiles. Terminaremos de dar unos apuntes sobre la faceta esotérica de Felipe II y su relación con El Escorial.

Hasta entonces, sólo puedo pedir disculpas por haber fallado a los deberes propios de un bloguero. Gracias de corazón a los que honran a 'La Fortuna' con su visita.